Crónicas coronavíricas, historias de una reclusión.

Crónicas coronavíricas, historias de una reclusión.

Nunca en mi vida había estado recluido, como máximo alguna gripe recalcitrante.

Creo que puedo decir, sin equivocarme mucho, que estamos ante una situación más que extraordinaria para la inmensa mayoría de la sociedad, la reclusión forzosa de prácticamente toda la sociedad, la paralización de la vida en la calle.

Gracias a las redes sociales estamos recluidos… pero no aislados… Aquello de cerrar puertas pero abrir una ventana…

En las redes sociales he ido leyendo algunos de los problemas que va a causar esta reclusión. Leyendo a investigadores de la UIB o del CSIC, muchos de los proyectos científicos van a quedar abortados porque son investigaciones sobre el mundo natural, con tomas de muestras imprescindibles para demostrar o sustentar teorías y, si no se puede transitar no se puede ir a por las necesarias muestras.

En nuestra humildad, #FundPepBonet no somos investigadores, nuestro trabajo de documentación, todo y tener utilidad científica, no es en absoluto básico e imprescindible, si no se hace esta primavera se hará la siguiente, no pretendemos poner nuestros documentos como motivo de supervivencia de ninguna especie (cosa que algunas investigaciones si pudieran estar en este nivel)

Pero, dentro de nuestra modestia, esta reclusión, este parón de actividades, sí que nos va a ocasionar retrasos en proyectos que teníamos en marcha. En su momento os contamos el proyecto de documentación de la reproducción de higueras, de todo el ciclo de polinización, tan compleja y tan hermosa, de aquella historia de mamas, prohigos y mamonas, de todo el ciclo de reproducción de Blastophaga psenes, etc. Pensábamos hacer un seguimiento de un año y un reportaje que abarcara todas las peculiaridades… evidentemente para uso y disfrute de investigadores y difusores del mundo agrario. Esta es la finalidad de nuestra Fundación. Nos guste o no, esto no va a ser así, esta primavera nos vamos a perder el ciclo de las avispas, habrá que encararlo el año que viene.

El saber popular está lleno de frases hechas para la situación que estamos viviendo, encerrados sin nada que hacer… o sin poder hacer lo que teníamos planeado…

En Mallorca, entre otras, “Encontrarse como un herrero sin carbón”. Menos mal que tenemos recursos y “el carbón” se inventa. Ya comentamos que habíamos empezado a escanear todo nuestro archivo de diapositivas en alta definición, 5000×5000 píxels, solo con eso cubrimos con creces el confinamiento.

Otra de nuestras especies en persecución era Erodium ciconium (encabezamos este artículo con una foto de sus semillas) De esta especie nos faltan fotos de la planta verde, hojas, flores, incluso siempre se pueden mejorar frutos y semillas. Para ahorrarnos trabajo, recurrimos a una institución científica, @BotanicSoller, donde gustosamente nos reprodujeron unas semillas, plantaron unas macetas de E. ciconium para que pudiéramos acabar la documentación cómodamente.

Eso está muy bien, pero el decreto de confinamiento no contempla “ir a documentar plantas a 20 km de nuestro lugar de residencia”, se trata de “confinar” el COVID 19, nadie pretende incordiar a las personas. Incluso la cosa es más complicada, los jardineros han tenido que reducirse a una mínima expresión, por evitar posibles contagios y, a la vez, para evitar que el jardín se seque. Digamos que hay un jardinero de servicios mínimos para regar lo imprescindible, ni más ni menos.

Cuando nos quisimos dar cuenta, las macetas de E. ciconium estaban sufriendo efectos colaterales de esta batalla, habían quedado “abandonadas”, sin regar. Aprovechando la necesaria movilidad entre domicilios y lugar de trabajo del poco personal del Jardín, atendiendo a las imprescindibles normas de seguridad, mascarillas, guantes, dejar la maceta en el suelo y guardar unos metros de distancia, bolsas de plástico para aislar y los correspondientes lavados de manos, el personal del Jardín me acercó la maltrecha maceta que yo he replantado en mi terraza (al lado de una cabra higuera que no se ve muy ufana) De esto hace unos días, las flores están pero aún no han abierto y destaca una magnífica aguja. Yo la voy regando, por las mañanas la contemplo un rato y, la verdad, se la ve cada día más vivaz, véanse sino las fotos del antes y el después. El nombre no será correcto, pero se asemeja al teletrabajo, o a aquello de “traerse trabajo a casa”

 

 

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Decimos en Mallorca que “uns contes fa s’ase i altres fa es traginer” que, traducido, sería “unos planes hace el burro y otros hace el arriero”.

 

Entrando de lleno en la primavera, llevamos más de un mes totalmente atareados, cerrando especies de una futura publicación, buscando especies porque se nos ha ocurrido una foto original, como por ejemplo una Lemna giba entre dos aguas, buscando una Portulaca oleracea en flor o haciendo controles a especies de importancia etnológica y alimentaria, como puedan ser Ficus carica o Ceratonia silicua, higuera o algarrobo. En #FundPepBonet solemos comentar nuestras actividades, nos gusta compartir nuestra pasión y contar nuestras aventuras, por eso os hemos ido poniendo fotos y comentarios.

 

Pues bien, el sábado pasado, 14-3-20, salimos a “forrajear” y, por ejemplo, salió esta detalladísima foto de fruto de Fumaria, unas bolitas de apenas 1,5 mm, esto nos permite cerrar la ficha de esta especie, sin perjuicio de mejorar o ampliar, pero ya sin urgencias. Otra de las adquisiciones del sábado fueron bayocos de breva, de mama y de varios prohigos, frutos verdes, sin desarrollar, pero que en su interior ya tienen, perfectamente visibles las flores femeninas de estilo largo o corto y el prohigo, flores masculinas identificables.

 

La Fundación Pep Bonet Capellá es, aun, un proyecto que está en fase administrativa de registro, abogados y gestores ya están haciendo su trabajo, pero por ahora (y seguramente durante un tiempo) dependeremos de colaboraciones. Esto significa que para la fotografía microscópica dependemos de las instalaciones del Jardí Botànic de Sóller. En nuestras instalaciones podemos fotografiar un campo de 5×5 mm y ampliarlo x5, mientras que en Sóller tenemos la posibilidad de tomar un campo de 0,4×0,4 mm y ampliarlo x31, la diferencia es notable. Para según que detalles de flores, frutos o semillas nuestra instalación se queda corta… agradecemos al Jardí Botànic de Sóller su colaboración y soñamos que algún mecenas, en algún momento, nos ayudará a mejorar nuestras instalaciones…

 

 

Toda esta introducción viene a cuento que, como todo el mundo sabe (sic), está declarada una pandemia mundial, valga la redundancia, de coronavirus y que el mismo sábado, 14, por la noche, se declaró el estado de alarma en nuestro país y se confinó a los españoles en sus casas para intentar controlar la propagación de la enfermedad, sin lugar a dudas una medida correcta y necesaria, pero que nos ha partido por la mitad nuestros planes de trabajo.

 

Ya os contamos, hace tiempo, que entre las plantas que tenemos pendientes está Ficus carica, la higuera de toda la vida, pero yendo un poco más allá, documentando flores masculinas y femeninas, documentando todos los vectores de la sexualidad de las higueras, documentando el complejo proceso de la cabra higuera y su avispa mutualista, la que se encarga de transportar el polen… un proyecto interesante y divertido, de todos los proyectos que tenemos. En este caso, higueras e higos son fáciles de fotografiar, pero casi todo lo demás tiene magnitudes de 2mm para abajo y nos venía de perlas la colaboración del microscopio de Sóller… este que está a 20 km de nuestra residencia, con controles policiales, el microscopio al que el coronavirus nos ha bloqueado el acceso.

 

Como he dicho, el sábado recogimos bayocos de distintas higueras para sacar buenas fotos de flores longistilas y brevistilas. Pero es que, además, recogimos una mama en estado avanzado, por controlar en qué fase estaban las Blastophagas. Ante el confinamiento, el lunes siguiente intentamos “salvar los muebles”, intentamos sacar fotos de las flores, ya formadas pero minúsculas, de escasos 0,8-1 mm y confiar que luego el recorte será útil y, ¡cuál no fue nuestra sorpresa! El sobre donde estaba la mama estaba lleno de Blastophagas, la fase es la de ¡a poner huevos y a reproducirnos!

 

 

¡Qué desastre! No hemos abierto la mama, intentaremos sacar una foto del agujero del ostiolo, también minúsculo, con el equipo “de casa” y la tenemos congelada para, al abrirla, poder sacar fotos de Blastophagas macho y hembra, inmóviles, quizá en buena pose, ya veremos. Incluso, si tenemos suerte, puede que haya eclosionado alguna Phylotripesis caricae, que también ronda los 1,5 mm o que haya nematodos (estos imposible sacarlos en nuestro equipo)

 

El desastre es que, solo con esta mama hubiéramos tenido para varias sesiones, hubiéramos documentado, con suerte, polinizadores y sus parásitos, vamos, que nos venía una semana de trabajo tremendamente productivo. Ahora toda nuestra ansiedad es que este encierro no dure mucho, este proceso no es de un día, dura un par de semanas, pero si la cuarentena dura más habremos perdido quizá un año, al menos la relación mama-prohigo la habremos perdido hasta el año que viene… En fin, ¡es lo que hay! Al menos intentemos controlar la pandemia.

 

Técnicas en la fotografía de campo

Técnicas en la fotografía de campo

Técnicas para luchar contra el viento en la fotografía de campo, o de cómo inmovilizar al sujeto para poder tomar una foto, normalmente con el diafragma cerrado y a baja velocidad.

 

 

 

                      

Como todas las actividades que en este mundo han sido, “todo tiene su qué”. Hacer fotos de natura implica aceptar pelearte con ella.

 

Mientras nos dediquemos al paisaje, hacer fotos dependerá de nuestro pulso o de lo estable que resulte nuestro trípode. Es cierto que hace aire y las hojas se mueven, pero en la foto no se aprecia.

 

El problema aparece al dedicarnos al macro… ¡y no digo nada del macro extremo! Pensad que si el encuadre es de una flor de, por ejemplo, 30 mm, con un estilizado pedúnculo de varios cm y el viento, incluso una delicada brisa, la mueve, fácilmente la flor oscilará 5 a 10 mm, pero es que, además, en las ráfagas se moverá rápido, compulsivamente, a veces temblando agitada. Lo de conseguir disparar el obturador en el momento que esté quieta o a una velocidad más rápida que sus oscilaciones es todo un reto.

 

Recordemos que en las tomas macro, estamos dispuestos a vender nuestra alma por poder cerrar un punto de diafragma “más” y que esto nos lleva a velocidades bajas (fácilmente a 1/15 de segundo)

 

Si, además, estamos en macro extremo, que estamos limitados por los problemas de difracción y profundidad de campo, la solución sabemos que es tomar distintos planos a distintas profundidades de imagen y apilarlos (ventajas de la foto digital, antes, con película, esto era ciencia ficción) Haceros a la idea de que el viento nos pase la flor de un lado a otro del fotograma… ¿cómo se apila esto luego?

 

                        

Por eso, aparte de equipo fotográfico, siempre paseo estos artilugios. Básicamente un mini trípode y dos púas fáciles de clavar en la tierra (no siempre hay tierra, a veces es roca). En beneficio del “todos con todos”, estos tres soportes acaban en la rosca típica de máquina fotográfica, la de ¼”. Como soy “del oficio”, hace años que compré un juego de machos y una terraja y rosco a diestro y siniestro. Si no conocéis la técnica (que es bastante fácil y no muy cara) cualquier mecánico os pondrá roscas, macho y hembra, en casi cualquier sitio.

 

También paseo varios palmos de hilo de cobre y un par de trozos de hilo soldados a una tuerca de ¼” (en algunas ferreterías, cada vez menos, siguen vendiendo tornillería de ¼”, los pasos ingleses de antes del Sistema Métrico Decimal, que es de donde sale la rosca de cámara de fotos) Con esta tornillería y un poco de inventiva es fácil hacer artilugios para aguantar cámaras y accesorios.

 

Luego, en el mundo de la electrónica, encontré una joya para el caso, las antenas telescópicas de radio. Las hay bastante recias y tienen la ventaja de “estirarse” a la medida de la planta a fotografiar. Roscándolas en la base y soldándoles un trozo de hilo de cobre con una pinza de cocodrilo son fáciles de montar en el mini trípode o en una púa.

 

                         

                         

Con este “mecano”, una vez elegido el sujeto a fotografiar, se coloca un auténtico andamiaje de sujeción, por descontado que no salga en la foto, pero que inmovilice la flor o fruto contra los embates del viento.

 

Otro truco que uso, llevo la consabida rosca de cámara en el trípode y una mini rótula, esto me permite sujetar alguna de mis antenas telescópicas al mismísimo trípode donde está la cámara y dirigirla al brote que quiero fotigrafiar. Esto es especialmente interesante cuando el sujeto está en una rama alta (manejo un trípode de 1,80 m y los alambritos, a esta distancia, poco sujetan)

 

                    

                      

Pero, si os fijáis, siempre es lo mismo, roscas estándar de cámara, antenas de radio roscadas, trozos de hilo de cobre (fácil de manejar) y estas mini rótulas porque las antenas “no se doblan”.

                        

                     

Receta de mermelada de peras con almendra

Receta de mermelada de peras con almendra

 

Mermelada de peras con almendra, ¡un éxito de crítica y público!

 Comer bien, comer sabroso y equilibrado no es un privilegio, es una decisión… y un poco de trabajo… y, quizás, algo de gusto.

 

 Yo soy de los que viven solos, nadie “me cocina” y yo lo hago para “una persona”… y, encima, ¡plato único!

 

Hace mucho que aprendí que, como esto es un rollo, había que inventar algo, e inventé lo de “cocinar y conservar”, sea desayuno, comida o postre. Esta vez tocaba reponer la despensa de los desayunos, mermeladas, que solo quedaban cuatro botes de cereza con cardamomo, ¡una exquisitez!

 

                  Para esta mermelada de pera necesitamos:

                  1 kg de pera troceada, sin corazón ni rabillos (yo la dejo con piel, por pereza)

                  300 g de azúcar

                  100 g de almendra molida

                  Una pizca, al gusto, de canela molida

                  Un toque de ralladura de cáscara de limón

                  Zumo de limón

 

Las cantidades que yo uso, según mis gustos, para una olla grande, con 6,5 kg de pera, son 3 cucharillas/postre de canela y cáscara y zumo de tres limones.

 

 

El proceso tiene pocos secretos, si bien ocupa unas horas. Lavar y cortar las peras, sin corazones ni rabillos, llenar la olla con los productos y cocer durante una hora, teniendo buen cuidado de ir removiendo, que todas estas cosas con azúcar tienden a requemarse y saben luego a rayos.

 

Así de simple, ya está hecha la mermelada. La pera, sin semillas, tiene muy poca pectina, más bien es toda agua, si bien la almendra espesa bastante, pero no termina de ligarla. Como a mí me gusta extenderla, le añado un poco de agar-agar para gelatinizar el líquido suelto, en esta olla han ido 3 sobres, 6 g, de gelatinizante.

 

Y, como podéis entender, una olla de mermelada da para varios meses, o sea, se llenan botes limpios y se esterilizan en agua hirviendo durante unos 15 minutos, etiquetados y a la despensa.

 

En la elaboración, hace tiempo que encontré una herramienta fabulosa, el “chafador de patatas”. Industrialmente se hacen mermeladas, algunas bastante buenas, incluso en algunas se llega al 50% de fruta. A mí me gusta que una mermelada sea solo fruta, no es posible porque hay que poner azúcar para conservación, pero, en este caso, hay un 60% de pera. Otra cosa que me gusta es encontrar trozos de la fruta que sea.

 

Aquí entra el chafador de patatas, corto la fruta en trozos no muy pequeños y, cuando se la nota cocida la convierto en puré imperfecto, “con tropezones”

 

 

 

¡Y a la despensa!

 

 

Montaje de un plató de «Cabrahiguera»

Montaje de un plató de «Cabrahiguera»

MONTAJE DE UN PLATÓ DE “CABRAHIGUERA”

 

                  Trabajar a natura es lo más real, pero, a la vez, lo más complicado. Hacer tomas macro en una acera, peor, en una carretera, o en la cabrahiguera de la portada, a unos metros del suelo se convierte en una epopeya. Para poder controlar estas fotos, vamos a intentar un trasplante.

 

                  El alumno que escucha y aprende del maestro, honra al maestro y se honra a sí mismo. Hace ya tiempo vi, en los documentales de “La 2”, un making of del equipo de Attenborough sobre su forma de trabajar con los insectos. Reproducían en un estudio trozos de selva, vegetación, humedad, galerías, luces, insectos y sus depredadores, todo lo necesario en unos pocos metros cuadrados para poder realizar sus extraordinarias filmaciones.

 

La verdad es que yo estoy un poco lejos de tanta perfección, pero por algo habrá que empezar. En el reportaje habrá avispillas Blastophaga psenes como la de la foto, que miden alrededor de 1,5 mm ¡y que estarán vivas! Está claro que serán muchas horas de mirar por el visor de la cámara y mucho trípode y mucho reflector… y no descartemos ayudas de flash y rellenos de sombras.

 

Es que las fotos de naturaleza, a veces, son algo más que una foto de móvil mientras paseas con tus hijos por el parque.

 

 

 

Entonces recurrí a mis amistades, pedí consejo a Pep Lluís Gradaille, a Monserrat Pons y a Juan Bibiloni, todos ellos mucho más sabidos que yo en temas de botánica, de jardinería y de trasplantes. Saqué en claro que tenía que buscar una rama con leña de más de 2 años, que la tenía que enterrar “lo más posible”, que tenía que ponerla en una maceta con un drenaje extraordinario, que bajo ningún concepto debía dejar que se encharcase, que el corte de la rama a enraizar debía ser “limpio”, que la tenía que mojar en hormona de enraizamiento, que tenía que mantener la tierra en permanente humedad, que no debía “dejarla al sol”, pero si con luz y que ahora, cuando las higueras hibernan, era buen momento para intentar el experimento.

 

El experimento consiste en tener una cabrahiguera con mamas y prohigos, las mamas bien rellenas de avispillas y los prohigos sanos y receptivos para la cría de una generación de Blastophaga, todo ello en la comodidad de estar en el balcón de mi casa, equipo fotográfico y accesorios sin tener que hacer transportes, incluso con la comodidad de dejar el equipo montado… incluso, si fuera menester, con una taza de té y unas pastas.

 

Para esto, elegí dos ramas, una con leña de 5 años y la otra de 2 años, que tuvieran mamas, que supongo bien infestadas de avispillas, en la esperanza de que las ramas enraícen y consigan no solo salvarlas, sino que continúen con su proceso vital y en primavera abran sus yemas y desarrollen la cosecha de prohigos. Al tener el trasplante terminado, una rama con mama que estorbaba, la podé y, también, la enterré en la maceta…

 

 

Empieza a gustarme esa vida de pseudopayés, ahora solo queda esperar unos meses para saber si la “estaca” ha tenido éxito. Como buen novatillo, todas las mañanas salgo al balcón a ver cómo está mi higuera y a comprobar que las mamas “siguen en su sitio”.

 

Biología reproductiva de la higuera

Biología reproductiva de la higuera

BIOLOGÍA REPRODUCTIVA DE LA HIGUERA

 

 

Dicen que, a veces, la realidad supera a la ficción. Esta es una breve semblanza de la vida reproductiva de las higueras y del contrato de mutualismo que mantienen con un himenóptero, la avispa Blastophaga psenes para el necesario trabajo de polinización.

 

Hay veces que me expreso mal y da la sensación de que me minusvaloro, ¡nada más lejos de la realidad!

 

Yo lo que si soy es un buen profesional de la electrónica, toda una vida de estudio y pasión por el tema, infinitos conocimientos aprendidos y muchísimos años de experiencia… en electrónica.

 

También soy un fotógrafo acreditado, mis exposiciones y mis trabajos publicados me acreditan. La electrónica fue estudiada formalmente, la fotografía es autodidacta, pero en ambas disciplinas exhibo mi vanidad y presumo de mis conocimientos y de mis logros.

 

Donde debo presumir de mi humildad es en los temas botánicos. Mi formación biológica y, en especial, botánica es nula. No es raro que, habiendo realizado una foto “espectacular”, por su encuadre, definición, iluminación y composición, resulte que “cualquier” botánico eche en falta el detalle del pistilo o cualquier otro atributo botánico “imprescindible”… No es nada raro porque, hasta hace poco, yo no distinguía pistilos de estambres. No es que yo sea analfabeto, es que hay temas de los que no se nada, por ejemplo mecánica cuántica o la dinastía Ming.

 

Llevo ya mucho compartiendo mis conocimientos fotográficos con el Jardí Botànic de Sóller y, en esas cosas que “se dan por supuestas”, Pep Lluís Gradaille, director del Jardí, me hizo unas proposiciones interesantes, editar unos artículos de biología reproductiva de varias plantas con especial significado antrópico, almendro, olivo, algarrobo e higuera. Son plantas domesticadas y que han acompañado a la humanidad en su historia de supervivencia, como puntos importantes de la alimentación.

 

¡Me siento honrado… y acongojado!

 

En el espíritu que intento consolidar con la #FundaciónPepBonetCapellá, yo debería ser capaz de “hablar de tú a tú” con los científicos con los que colaboro… entonces no me queda más remedio que ponerme a estudiar, ¡menos mal que me gusta!

 

Lo primero fue buscar, leer y entender documentación sobre los temas citados. Empecé por la higuera y estaré eternamente agradecido a D. Joan Rallo García, al que no tengo el placer de conocer, pero que él vino a bien compartir sus conocimientos con el público y a mí me ha servido para intentar no cometer demasiados desaguisados con fotos “fuera de contexto”.

 

Veamos lo que he aprendido. Para empezar hay higueras femeninas y masculinas, pero empezamos con las rarezas, la higuera masculina es dioica, produce flores masculinas (pocas) y femeninas de estilo corto, mientras que la higuera femenina se comporta como monoica y solo produce flores femeninas de estilo largo.

 

Las higueras femeninas, las que dan higos “de comer”, digamos que son serias y “se comportan”. En general los higos son un recipiente, un sicono, que contiene las flores femeninas. Esas protuberancias rojas, carnosas, dulces que hay dentro del higo son flores. Y, a veces, estas flores contienen semillas, viables o no.

 

 

La única rareza de las higueras femeninas es que pueden producir dos cosechas al año, solo unas pocas higueras. En primavera-verano brevas y para verano-otoño higos.

 

Respecto a esta rareza de las higueras hembras, hay que entender que en los higos “de comer” la manipulación del hombre es total, según los arqueólogos unos 13.000 años de manipulación. Por estudios arqueológicos, parece probado que la higuera se domesticó más de mil años antes que los cereales, se podría decir que los higos son la primera producción agraria conocida.

 

Por eso hablamos de las brevas. Si dejáramos organizarse a la naturaleza, las brevas serían una excepción, toda vez que van en contra del sistema natural de reproducción de las higueras, ¡ni siquiera producen semillas! Para entenderlo habrá que entender la reproducción natural de la higuera y compararla con el cultivo que hacemos de la misma.

 

Hagamos un receso para entender la polinización. En general, las plantas al igual que los animales, tienen una reproducción sexual. Para evitar la endogamia, las células reproductoras se forman con una mitad materna y otra paterna. En el caso de los animales es relativamente fácil, toda vez que los animales se pueden buscar y unir sus gametos para formar un zigoto y, si todo va bien, una nueva vida. Para las plantas la cosa es mucho más complicada ya que están “clavadas” en el suelo, inamovibles.

 

La naturaleza ha resuelto este problema de varias formas. Las flores femeninas están fijas en su planta, con su ovario conectado “al aire” por un tubo llamado estilo y las flores masculinas se dedican a producir polen en sus estambres… que deberá “volar” hasta fecundar las flores femeninas.

 

Las formas más comunes de repartir el polen son: transportado por fluidos, agua o aire, o porteado por animales, insectos o animales superiores. En el caso de las higueras se usa el concurso de una avispa minúscula, de alrededor de 1,5 mm, en un sistema complicadísimo.

 

La higuera masculina es de una gran complicación. Para empezar, produce tres cosechas de higos. Una primera, durante el invierno, con solo cabrahígos femeninos llamados mamas, sin polen y sin posibilidad ninguna de fecundación. En primavera produce otra cosecha, llamada prohigos, que esta si tiene flores masculinas. Y luego, en otoño produce una tercera cosecha de mamonas, otra vez femeninas.

 

Para poder transportar el polen de los prohigos, la higuera tiene un aliado que es la avispa Blastophaga psenes, pero este bichito es de vida corta, de menos de un año. Entonces, en las mamas de invierno se cría una generación de B. psenes que nacerá en primavera, pero que no puede polinizar nada porque la mamas no tienen polen.

 

Cuando nace la avispa de primavera ya están crecidos los prohigos (que si darán polen)… ¡y también están crecidas las brevas cultivadas!

 

Pero hay otra curiosidad, todas las flores femeninas de las higueras de comer, brevas o higos, son de pistilo largo y las avispas son de ovopositor corto. O sea, les falta longitud de órgano sexual a las avispas para poder poner huevos en una flor “longistila” de higo de comer, además, estas avispas que vienen de mamas tampoco llevan polen. Por eso, que una avispa intente poner huevos en una breva es un desperdicio (las avispas después de desovar mueren)

 

Por eso, las brevas, en la vida reproductiva de las higueras, son un error, solo sirven para alterar la vida reproductiva de la Blastophafa psenes. Toda avispa que se equivoca y pretende reproducirse en una breva muere inútilmente. Lo que pasa que las brevas son muy apreciadas y el hombre se ha dedicado a reproducirlas a contra natura.

 

Por tanto, esta primera generación de avispas interesa que solo encuentre prohigos, normalmente en la misma rama donde está la mamona en la que han crecido, colonicen los prohigos, hagan una buena puesta y se reproduzca una segunda generación. En el caso del prohigo, casi todo el volumen del mismo son flores femeninas, de estilo corto, “brevistilas”. Las flores femeninas de las tres cosechas de la higuera masculina, cabra-higuera, todas son brevistilas, para facilitar la puesta de las avispas. Pero, en el prohigo y solo en él, rodeando el ostiolo por donde entran y salen las avispas, se forma un anillo de flores masculinas y polen.

 

Ahora sí, las Blastophagas que salen de los prohigos a principios de verano, bien provistas de polen, se pueden dedicar a fecundar higos “de comer”.

 

En esto también hay algunas sutilezas. Para empezar, de los higos de comer hay dos variedades bien diferenciadas, las de San Pedro, la mayoría de las que comemos en nuestra tierra y las de Esmirna. Para las de San Pedro no es imprescindible la polinización, los higos son “persistentes” y consiguen madurar sin polinizar. Eso sí, con semillas estériles, pero al agricultor esto no le preocupa porque reproduce las higueras por estaca, clónicas.

 

En el caso de las de Esmirna sí que es necesario polinizar ya que si no se hace los higos se desprenden sin llegar a madurar. Como nota curiosa, los higos Esmirna polinizados tienen semillas viables, se pueden reproducir, pero, además, las semillas le confieren al higo un sabor añadido de fruto seco, lo que aumenta su calidad. Y, para el secado, convierte a los higos de Esmirna en los más sabrosos.

 

Los prohigos y sus Blastophagas ya han tenido su utilidad. De todas formas, que las avispas polinicen higos de comer les provoca un serio quebranto ya que, como hemos dicho, todas las higueras hembra solo tienen flores de pistilo largo y las avispas no podrán poner huevos ni reproducirse. Menos mal que sigue quedando algún prohigo tardío, con flores “brevistilas”, que acoge las avispas justas para la supervivencia de la especie.

 

Mientras, en la cabra-higuera, en verano, empiezan a desarrollarse las mamonas, solo flores femeninas de estilo corto, sin flores masculinas, otra vez sin polen. Cuando estas mamonas estén desarrolladas podrán acoger la tercera generación de Blastophaga psenes que se ha conseguido salvar en los prohigos, multiplicarla y regenerar la población de avispas para el próximo año. Y, mientras esto sucede, la cabra-higuera está preparando la cosecha de mamas que sobrevivirá todo el invierno y dará cobijo a las avispas que infectarán los prohigos del próximo año.

 

Esto es un esbozo, el proceso completo, con detalles, da para un libro de 292 páginas escrito por D. Joan Rallo García, con todo lujo de detalles. Pero, aunque se quede en esbozo, nos da una visión más o menos real del proceso de la biología reproductiva de las higueras.