Digitalización de un archivo de diapositivas

Digitalización de un archivo de diapositivas

Escanear un “archivo de diapos” entra en los proyectos de larga duración. Los mayores recordamos cuando “no había otra cosa”, pero las diapositivas eran recién reveladas y, si se habían revelado bien, mantenían los colores intactos y, con un poco de suerte, no tenían polvo.

 

Actualmente, cuando aceptas escanear un archivo, sabes que son diapos antiguas, descoloridas, seguramente con los colores alterados y casi siempre sucias de polvo y pelusillas.

 

Cojamos por ejemplo la foto de portada, una diapositiva 6×6, tomada el 07/08/2005, hace 15 años. Se observa una fuerte dominante magenta, cosa bastante normal, además hay un montón de pelusillas y la madera que se eligió de fondo introdujo brillos en las vetas, debidos a las resinas. Y, ya que estamos criticando, el enfoque es pobre y, sobre todo, hay poca acutancia.

 

Aprovechemos para aprender sobre el concepto acutancia. La acutancia es el grado de contraste que se observa en los bordes de una imagen, o sea, cuanto mayor sea la acutancia más nitidez tendremos de la imagen. En la época de las imágenes químicas, como efecto secundario de las reacciones químicas con la plata de la película, todas las líneas “estaban mal reveladas” y los negros terminaban con un borde “más negro” y los blancos “más blanco” de lo que les correspondía, alta acutancia, es más, jugando con los agitados se la podía controlar.

 

En el mundo digital este efecto no existe, los sensores leen “correctísimamente” todos y cada uno de los píxeles, estén en un límite de detalle o estén en un color plano, por lo que las imágenes digitalizadas pueden parecer “de poca definición”. Esto implica que todos los programas de retoque fotográfico siempre tienen la función “enfocar”, que no es otra que, en todos los límites de detalles de la foto, marcar una línea con más blanco o más negro del que realmente le corresponde… y engañar a nuestros ojos. Los que usáis programas de retoque lo podéis comprobar fácilmente, ponéis cualquier imagen con mucho detalle al 100%, pelo, ramas de árboles, etc., y le dais a “enfocar”. Veréis perfectamente cómo se alteran los contornos.

 

Entendido qué significa “enfocar” en los programas de retoque, queda claro que si la foto está desenfocada enfocar no sirve para nada, “no enfoca”. Y otra cosa, esta alteración de la acutancia, esta mejora del contraste (que no enfoque) es muy agradable “siempre que no se vea”, dicho de otra manera, en las digitalizaciones siempre hay que terminar enfocando, pero “solo lo justo” al tamaño que se piensa ver la foto y siempre al final, porque es una alteración del archivo digital y si se hacen ajustes de color o contraste en una imagen “enfocada”, los bordes de detalles pueden hacer desastres.

 

Entonces volvamos a nuestra Daucus carota magenta, llena de puntitos y con poca definición. Yo suelo empezar por el retoque de puntos, pelusillas y rayas.

Podéis observar en las fotos, general y un detalle, cómo se han ido eliminando puntitos y pelusillas.

 

Si se ha entendido la importancia de la acutancia para que veamos nuestra imagen mas nítida, observad entre los radios de las semillas (se ve muy bien en el detalle) como hay polvo, puntos de resina o pelusillas. Si los quitamos, no hemos tocado para nada a las semillas o sus radios, pero las vemos “más limpias”.

 

Otra observación que viene al caso (que ha dado lugar a grandes discusiones)

 

Las fotos, ¿se tienen que retocar o no? Todas las opiniones son válidas y son buenas, la mía es que depende. En cierta ocasión participé en editar un libro de una pintora, el libro plantas y flores de Mme. Colette, no eran fotos, eran digitalizaciones de las acuarelas que esta pintora realizó durante toda su vida. ¿Se tenían que retocar? ¡NO!, evidentemente no. Hubiera lo que hubiera en la imagen, era la creación de Mme. Colette y nadie estaba autorizado a ninguna modificación.

 

Sin embargo si que quité unas manchas, algunas cagadas de mosca, unas anotaciones al margen de un cafre encuadernador o las marcas de una doblez por mal almacenaje. Incluso restituí colores de algunas obras que habían estado expuestas a demasiada luz y corregí marcas dejadas por paspartous.

 

En el archivo que estoy digitalizando ahora (independientemente de que yo soy el autor de las fotos) si que creo que se tienen que retocar. Un archivo de documentación botánica, pudiendo ser de una gran calidad visual, no lo considero como una creación artística. Por descontado que el autor es el creador de las imágenes y, por descontado, que el autor puede vetar su exhibición si no es en determinadas condiciones, el autor las puede elevar a la categoría de “obras únicas” (con algunas yo lo he hecho) pero admitamos que la finalidad de un archivo “de documentación” es para documentar, valga la redundancia. Lo mismo que me parece una monstruosidad “reencuadrar” una obra de arte o recortar un trozo de una escultura “para decorar un rinconcito”, admito que mi archivo de plantas debe ser lo más explícito posible con  la mejor definición y que, como en el ejemplo que estoy usando, habrá momentos en que será mas claro un detalle de la foto que la imagen entera.

 

     

Una vez limpia la imagen “de polvo y paja” (en las muestras solo he limpiado la mitad para que se pueda apreciar el efecto) se corrigen luz y color. Podría haber corregido el color en primer lugar, es correcto, pero yo prefiero hacer un ajuste preciso de la luz y color de la fotografía en el mismo momento. Corregir la luz con todas las porquerías me puede llevar a confusión, por tanto siempre sigo el mismo protocolo: primero limpiar la foto, después ajusto luces para que la exposición sea la mas adecuada, que haya las zonas negras que corresponda, manteniendo detalle en las sombras, y que no haya blancos quemados. En este punto puedo corregir el color con la precisión que me parezca, es cuando mejor aprecio si se ven dominantes. Si os fijáis, hecha la corrección de color, la foto queda perfecta, pero no se la ve nítida… le falta acutancia.

 

   

Para eso, para la acutancia, existe lo de “enfocar”. Le damos el toque necesario, sin que en ningún momento se vean los bordes y ya podéis comprobar la diferencia (mejor en los recortes)

 

Todo este proceso, “tontamente hablando”, puede estar ente media y una hora por diapositiva. Si el encargo, como es el caso, son en principio 3.263 diapositivas, ¡vayan haciendo cuentas!… Esto referente a archivos antiguos de botánica, en diapositiva. Cuando esté todo listo se añadirán otras casi 3.000 diapositivas de etnología y paisaje.

 

Como queda patente, mi intención personal es compartir, transmitir, difundir todas mis técnicas, al menos el “cómo lo hago yo” por si sirve de ayuda al resto del mundo. O sea, si os parece incompleto, no dudéis en preguntar. Y si os parece interesante, ¡no dudéis en compartir!

 

Solo por la difusión y extensión del conocimiento se puede progresar. ¡Del oscurantismo nunca salió nada bueno!

 

Cresa Crética, planta rara en Mallorca

Cresa Crética, planta rara en Mallorca

CRESSA CRETICA, PLANTA RARA EN MALLORCA

 

De cómo hay gente interesada en rarezas y de cómo estas personas buscamos y estudiamos, en nuestro caso plantas, otros estudian piedras o pájaros o insectos… u otras cosas.

 

La naturaleza es inmensa y para conocerla se requiere un inmenso trabajo. Por descontado que los grandes investigadores en grandes laboratorios hacen los grandes descubrimientos, pero hay una parte del trabajo en manos de los “no profesionales”, los aficionados. Este es uno de esos casos.

 

La Cressa cretica es una planta pequeña, poco vistosa. Se le atribuyen algunas virtudes medicinales, como, por ejemplo, efectos paliativos de los síntomas de la tuberculosis, hasta el extremo de que se comercializa con su nombre sánscrito, “rudanti”. Si bien está reseñada en la Lista Roja de Especies amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) no se la considera en peligro de extinción. Solo en España está citada en Andalucía, en Murcia o en Madrid. Además, se encuentra en Africa, en Europa, en Asia y en Australia. No es abundante, pero se mantiene.

 

Sin embargo en Mallorca los botánicos le habían perdido la pista, incluso se llegó a pensar que se hubiera extinguido. Aquí es donde intervienen los botánicos amateur, estas personas que por amor a las plantas, en vez de jugar al dominó en el bar, dan largos paseos por la natura buscando e identificando plantas, por el placer de verlas y conocerlas.

 

En este caso, el botánico ha sido Jean Paul Dagnac, médico jubilado y que está haciendo un espléndido trabajo de herborización en las Islas. Él encontró una población de Cressa cretica en Sometimes y lo hizo público en el entorno del Jardí Botànic de Sóller, incluso me acompañó al lugar de dicha población.

 

 

Todas estas plantas verdes de primer plano son Cressa cretica. Pero, ¿por qué llegan a desaparecer algunas plantas? En la foto se aprecia que el campo labrado puede tener un centenar de metros. Bordeando el cañaveral y hasta llegar a las casas del fondo había una franja tan densa como este primer plano, de varios metros de ancho. Al arar el campo para la siembra toda esta franja ha desaparecido, ahora queda este primer plano (ligeramente más extenso que la foto) y varias docenas de plantas en el límite del cañaveral. No ha desaparecido, de hecho se generará semilla, pero a la planta no la dejan “ser salvaje”… como mucho la dejan colonizar las orillas.

 

 

Por descontado que esta historia, esta planta, esta situación, ha puesto en marcha la maquinaria de nuestra Fundación y ya hemos empezado a documentarla. La vida del documentador de campo es muy dura, por ejemplo ahora, a día 2 de Agosto, estamos en plena ola de calor. A las 7h00 ya estábamos en el sitio, las plantas con gotas de rocío y una temperatura soportable. Hemos tomado algunas fotos de flores y hábitat, pero habrá que volver, se puede mejorar el trabajo de hoy y habrá que documentar frutos y semillas (nuestra especialidad).

 

  

 

¡Por descontado que “eso” que hacemos es nuestro hobby!, nos divertimos mucho haciéndolo y tirándonos al suelo para poder enfocar.

 

Estas son algunas de las tomas que me ha dedicado mi amigo Tomeu Lliteras, mientras yo sacaba las flores del encabezamiento… Hoy ha sido más entretenido, he ido con compañía, otras veces hago lo mismo, pero solo, más aburrido.

 

Por cierto, y abundando en el tema, las plantas desaparecen, no solo porque se necesite cultivar la tierra, también lo provoca la antropización. La Cressa cretica es propia de saladares, vegetación costera y continental que crece en suelo arcilloso inundado temporalmente. El cañaveral que sale en la foto limita una franja de alrededor de una hectárea de tierra inundada y salobre, tierra del mismo tipo que varias Ha. situadas hacia el oeste, en Ses Fontanelles, y que se pretenden urbanizar desde hace años (hay algunos contenciosos, oposición de ecologistas, dudas de la Administración, etc.) En todo caso, Ses Fontanelles está vallado, se trazaron las calles y se rellenó todo lo inundable. Quizá, a pesar del desastre ecológico, haya podido sobrevivir C. cretica, ¡quién sabe! Lo que si es cierto es que ya no se puede ir a comprobar, ¡está prohibido el paso!

 

Introducción a la microfotografía

Introducción a la microfotografía

INTRODUCCIÓN A LA MICROFOTOGRAFÍA

En otro artículo de este blog di unas primeras pinceladas al macro extremo, en particular a los problemas de profundidad de campo que plantea y a la influencia de la difracción. Lo que nos obligaba a elegir entre cerrar diafragma o mejorar definición… o, lo que nos resultaba, que para tener una buena imagen sacrificábamos profundidad de campo y había que recurrir a las tomas por capas y el apilado (¡Demos gracias a los Dioses que vivimos en la era digital! Este proceso con película resultaba prácticamente imposible, por eso se recurría a las correcciones de Scheimpflug)

 

 

 

 

 

Vamos ahora a estudiar, muy simplificadamente, los problemas de la microscopía, empezando por un paralelismo entre cámara adaptada a macro, con fuelle, y el microscopio óptico.

 

Si observamos las figuras, la formación de imagen es bastante similar en ambos instrumentos. En el caso de la cámara usada en macro tenemos un objetivo, en realidad un juego de lentes positivas que se pueden simplificar a una sola. Para el microscopio se da la misma realidad, un objetivo de lentes positivas.

 

En la cámara macro nos conformamos con nuestro objetivo y un fuelle y pasamos directamente a tomar la foto, sea con película o con sensor. En macro usaremos objetivos de entre 50 y 100 mm de distancia focal y fotografiaremos objetos de bastantes milímetros, normalmente casi tan grandes como el sensor, con lo que solemos hacer tomas entre x0.5 y x5, a veces se puede llegar a x10. Lo típico, insectos, semillas, partes de la flor, etc.

 

En el microscopio somos más ambiciosos, para empezar podemos comenzar por ampliaciones x40 o x100, son normales x200 y hasta x400. Para conseguir imágenes tan ampliadas se suelen usar objetivos de escasos 10 mm o menos. No se usa fuelle, se construye un sistema sólido, con todas las partes roscadas y solidarias, perfectamente mecanizadas. El fuelle de la cámara macro es equivalente al cuerpo del microscopio. Además, no nos conformamos con la imagen que nos da el objetivo, en el microscopio ampliamos esta imagen con otra lente de aumento, el ocular.

 

 

 

Ahora es interesante repasar como se forma la imagen en una lente. Recordando aquella física de bachiller, hacíamos la composición de la figura y nos salía la imagen invertida.

 

En fotografía “normal”, el objeto está muy lejos del foco de la lente, para un objetivo de 50 mm, que el objeto esté a 15 m o en el infinito nos forma las dos imágenes muy cerca una de la otra. Luego, si recordamos aquello de los círculos de confusión, es relativamente fácil conseguir una profundidad de campo digamos que “cómoda”.

 

Cuando llegábamos al macro extremo vimos que la cosa se complicaba, el objeto ya está bastante cerca del foco del objetivo y hay que empezar a pensar que nuestro objeto no será una imagen plana, un sello de correos por ejemplo, más bien será una nuez, que tiene un volumen considerable. No todas las partes de la nuez están a la misma distancia del foco de la lente, no todas las imágenes de cada punto de la nuez se forman a la misma distancia. Véase sino la figura, conforme acercamos el objeto al foco, la imagen se forma cada vez más lejos, en este caso mucho más lejos.

 

Repitamos el dibujo para una lente que enfoca un objeto real, con muchos puntos a considerar (en el dibujo solo dos, por claridad)

 

Aquí se presenta el problema que ya anunciábamos en macro, los puntos 1 y 2 nos dan las imágenes 1 y 2, en este caso muy separadas al acercarnos al foco de la lente, pero la profundidad de campo no tiene por qué cubrir estos dos puntos y que conste que en el dibujo hemos exagerado, la profundidad de campo NUNCA es así de grande.

 

Una curiosidad, que tiene explicación matemática que no demostraremos, es que si se analizan los círculos de confusión en los distintos puntos de enfoque, para un diafragma concreto, se comprueba que la profundidad de campo se reparte en un tercio “del objeto hacia la cámara” y dos tercios “del objeto hacia el infinito”. Esto viene dado por lo de “más cerca del foco – más lejos la imagen” y, en los planos de imagen, la profundidad de campo vendría a repartirse según el dibujo, repetimos que exageradamente.

 

Todo esto sucede igual en una cámara que en un microscopio. En mi cámara, por ejemplo, usando un objetivo de 135 mm y haciendo tomas x2, tengo una profundidad de campo, comprobada, de 1,6 mm. Si hago las fotos con microscopio, por ejemplo en tomas x100, la profundidad de campo se reduce a 15 micras (0,015 mm), vamos, ¡un desastre!

 

De ahí que cuando se mira con un microscopio no vemos nunca el objeto entero, siempre hay que ir “subiendo y bajando” el foco. En los trabajos de microscopia científica lo normal es mirar láminas extremadamente finas o líquidos prensados entre un portaobjetos y un cubreobjetos, del grueso justo para lo que queramos ver y poder aprovechar al máximo la poca profundidad de campo, además sin posibilidad de variación. Los objetivos de microscopio no incorporan diafragma, son de abertura fija.

 

En el caso de la documentación que yo practico, me resulta más interesante fotografiar “objetos”, más que “superficies”. El tema que yo trato es más de frutos y semillas, objetos en volumen que pueden llegar a resultar más gruesos que anchos, vamos, que para mí es normal hacer tomas a un fruto con semillas con un volumen de 1x1x1 mm, a una ampliación de x100, con una profundidad de campo real de 0,015 mm (15 micras)

 

 

 

El caso, por ejemplo, de esta semilla de Anagallis tenella. Esta semilla, que se ve en la foto de microscopio ampliada x100 y de la cual presento un esquema de cómo se hizo, tiene escasamente 1 mm, pero es que el microscopio, ampliando x100, me da escasamente 0,015 mm de profundidad de campo.

 

Para sacar esta foto, con este detalle y esta definición se tomaron 40 planos, separados las 15 micras de rigor, 40×15=600 micras. Aparentemente insuficiente para “cubrir” toda la semilla, pero solo estaba interesado en la parte de semilla “que sale en la foto”, la parte de abajo queda escondida.

 

Básicamente, con estas explicaciones, queda definida la microscopía de objetos.

 

La iluminación será una clásica de estudio, la típica “Rembrand con luz lateral”, por ejemplo. Procurar una luz que de algo de volumen al objeto, tal cual se apunta en el dibujo. Teniendo en cuenta que nuestros objetos serán milimétricos, se agradece mucho contar con una fibra óptica que nos facilite dirigir la luz.

 

Como nota curiosa, solo he sabido resolver bien la toma hasta x200. En el microscopio, cuando quiero hacer ampliaciones x400, el objeto me queda a 0,6 mm del objetivo y “no tengo espacio” para colocar la luz “donde yo quiero”. Esto me está limitando, por ahora, en las fotos de esporas (objetos de muy pocas micras que exigen ampliaciones de x400 o x1000)

 

El otro colofón necesario a este tema viene determinado por “la calidad mecánica” del microscopio. Ha quedado claro que todo el secreto de la microscopia de volúmenes viene determinado por la posibilidad de ir enfocando por capas de unas pocas micras. Esto implica tener un ajuste de desplazamiento fino sensible y sin resistencia, a la par que preciso micra a micra, un cuerpo de microscopio sólido, pesado, con un mecanizado de precisión, que no vibre en absoluto… En pocas palabras, ¡nada que no se arregle con dinero! De la óptica no hay que preocuparse, cualquier microscopio con buena y cara mecánica aporta una óptica de lujo para nuestras fotos.

 

Y el último comentario, una vez realizadas las tomas, que recomiendo realizar con la mejor calidad de sensor posible y siempre en formato RAW, para poder aprovechar al máximo todas sus posibilidades, entramos en la parte informática.

 

No descarto que en el futuro me pueda creer capacitado para escribir sobre el tema. En este momento no soy más que otro aprendiz.

 

En mi caso, lo primero que hago es revelar los archivos RAW, forzando la claridad y el enfoque de cada una de las tomas. Esto es necesario porque los programas de apilado se basan en seleccionar las partes de cada toma con mayores acutancias, para separarlas y montar un mosaico con ellas… y así elegir cada una de las partes enfocadas de cada una de las capas y presentar una toma única con una profundidad de campo imposible.

 

A continuación cedo el protagonismo al programa de apilado (yo uso Zerene Stacker, pero puede que haya otros iguales o mejores)

 

Solo hay un problema con el apilado, cuando se toman las fotos, para enfocar las capas se varía la distancia objeto-objetivo, con lo que cambiamos el tamaño del objeto, de una toma a la siguiente. El programa de apilado recalcula y unifica estas variaciones de tamaño, pero es inevitable que haya algunas superposiciones fallidas. Esto me obliga a recurrir, en último lugar, a un procesador de imágenes, a retocar “fantasmas” que rodean algunas partes de la imagen, y, ya que estamos, a limpiar la toma de puntos residuales, polvo, pelusas, etc.

 

Por el mismo precio, acabo la foto con un ajuste general de luz, color, contraste y foco, por aquello de dejar una foto “que parezca importante”.

 

Para un futuro, me gustaría probar un “microscopio confocal”, solo lo conozco de teoría, leído en internet. Pienso que me daría las mismas imágenes, pero bastante más limpias, con foco más definido, con contrastes y superficies más naturales y con menos “fantasmas”. En internet he visto, también, el precio y sospecho que tardaré en probarlo… todo dependerá del futuro del proyecto de Fundación Pep Bonet Capellá y la suerte que pueda tener con mecenas que la apoyen.

 

Mientras tanto, con la técnica descrita, llevo hechas bastantes cientos de fotografías microscópicas de flores, frutos, semillas, esporangios y alguna espora que han engrosado el archivo botánico… aquello de “pasito a pasito”…