Técnicas de estudio

Técnicas de estudio

No queda bien, suena a pedantería, ¡pero es que hay días que uno se levanta chulo!

 

Cuando empecé a sacar fotos de semillas, teniendo en cuenta que mi formación botánica es nula, busqué algún libro del tema “para plagiar”. La verdad es que ideas me bullían, pero quería ver como lo enfocaban los profesionales… ¡Qué decepción!

 

Unas fotos botánicamente perfectas, con vistas en “planta, alzado y perfil”, perfectamente identificado el eleosoma, marcadas las asimetrías, con las estrías perfectamente alineadas… Básicamente, un puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca y una toma cenital, seguramente con un flash anular “que lo ilumina todo por igual”, sin sombras.

 

No me cabe la más mínima duda que las fotos que vi (y que tanto me decepcionaron) pueden sustentar una sesuda tesis doctoral sobre la reproducción de las plantas o sobre el mutualismo de las hormigas y la utilidad del famoso eleosoma.

 

En este momento entendí que no tenía el más mínimo interés en la botánica, que lo que me interesaba era la fotografía… pero es que las imágenes de naturaleza en general, para mí al menos, pueden resultar más sugerentes que el mundo de la moda, por ejemplo. Decidí que me quedaba con el tema, la botánica y el mundo científico de la biología, pero que las fotos las iba a hacer “a mi aire”.

 

Con los años, algo he llegado a aprender de biología vegetal, ahora ya llamo a muchas plantas por su nombre, en mis fotos sale el eleosoma, incluso he llegado a hacer fotos “a medida” para que un Señor Doctor en biología publicara un artículo… ¡pero me sigo negando al puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca!

 

La foto que encabeza este artículo es de Lemna giba, la conocida lenteja de agua. Se trata de una planta extremadamente simple, un par de hojas y una raíz. Las hojas tienen alveolos que la hacen flotar i la raíz cuelga en el agua mientras absorbe nutrientes. Su tamaño es minúsculo, unos milímetros, pero se reproduce muchísimo, hasta el extremo de colonizar estanques enteros, por ejemplo el de la foto, debajo de esta alfombra verde hay agua limpia, para regar coles.

 

 

Seguramente un buen botánico hubiera fotografiado la L. giba sobre la consabida cartulina blanca o hubiera sacado fotos de los alveolos en el microscopio, incluso hay una buena foto científica de la raíz junto con una regla milimetrada (para documentarla)

 

A mí, lo único que se me ha ocurrido es que “se trata de una planta de agua”, que quedarían mejor fotos submarinas (no descarto pedir permiso al dueño del estanque de la foto, ¡es broma!)

 

Y, después de este rollo, viene la “técnica de estudio”. Chapotear en el estanque puede ser muy divertido, pero poco práctico. Pensad que, por el tamaño de la planta, necesitamos un buen nivel de macro, será necesario recurrir al fuelle y, si pretendemos alto nivel de calidad, se agradecerá una foto por capas, con movimientos micrométricos (para evitar en lo posible la difracción y poder usar una gran profundidad de campo). Añadamos que, ya que estamos,  usaremos una cámara de 51Mp, de varios miles de euros… Si os fijáis, conforme voy escribiendo le voy cogiendo miedo al agua. Meter todo el equipo necesario en el estanque saldría por un ojo de la cara en cajas estancas. Vamos, que es mucho más práctico poner la L. giba en un vaso y hacer la foto a través del cristal.

 

Aquí es donde empieza el proceso “MacGyver”. Dadas las dimensiones de la planta, puede ser perfecta una ampliación de X4 o X5, exactamente lo que da mi cámara de fuelle de 80cm. Pero, para que sea manejable, esta cámara está montada fija en una columna de ampliadora, con avances micrométricos para su enfoque y para poder seccionar la imagen por capas.

 

                       

 

Espectacular en cuanto a calidad y precisión, pero solo puede tomar fotos en vertical, para tomarlas en horizontal se pierden los mandos micrométricos… y el agua no se aguanta bien “de canto”.

 

 

Las soluciones siempre se pueden simplificar. Recurriendo a un espejo, los rayos de luz “pueden doblar esquinas”. Es fácil, colocando un espejo a 45º el eje de enfoque de la cámara se convierte en horizontal, además, tengo la suerte de usar un objetivo de 135mm de distancia focal. Da menos aumentos (con el inmenso fuelle, solamente X5) pero me permite espacio para hacer estas virguerías.

 

Para mí, cada foto termina siendo una aventura, en cuanto se te enciende la bombilla aparecen los problemas, ¿Cómo aguanto el espejo a 45º? ¿Cómo me las apaño para que la planta esté a esos 135mm del objetivo? ¿Cómo consigo que el fondo de la foto sea oscuro y contraste con la planta y el espejo del agua? (supongo que os vais dando cuenta que la cartulina blanca y el flash anular no me sirven en absoluto)

 

 

Siguiendo las más elementales tradiciones de los estudios de cine, ¡recurramos al cartón!

 

Con un cutter, cartulina y cola de carpintero se van resolviendo todos estos problemas, se construyen bases y soportes, se aguantan de pie trozos de cartulina negra o se usan unos cuadradillos de 1cm que tuve que implementar en otra ocasión, para otro problema (en aquel caso tenía que colocar, “volando” un reflector para matar una sombra, y los cuadradillos actuaron de “viga de soporte”)

 

Mi forma de trabajar, aunque sean soluciones de cartón pegadas con cola, intento siempre que sean precisas. Esto ayuda a obtener fotos “limpias”, pero es que estos artilugios no se tirarán, conservados en una caja, algún día me resolverán otra “pega”.

 

En este caso, el espejo que he usado es un espejo óptico, la capa reflectante está en la superficie frontal del cristal y no en su parte trasera. Un simple espejo de baño también hubiera servido, pero hubiera exigido más controles en la iluminación. Al tener la superficie reflectora y la superficie frontal del cristal, a veces, según como incida la iluminación (y fotografiando cristales reflejados en un espejo, más) se generan halos, bastante molestos.

 

A veces me han comentado que “estos secretos” no se deben contar. Todo va en gustos, yo disfruto haciendo mis fotos, pero es que cuando veo algunas publicaciones me dan vergüenza ajena. Por descontado que yo tengo “mis” gustos, yo veo “mis” encuadres, en “mis” fotos yo gestiono “mis” luces y sombras, esto forma parte de mí.

 

Pero la técnica debería ser universal o, por la misma regla de tres del secretismo, se deberían cerrar las escuelas y mantener a los demás en la más absoluta ignorancia… ¡Siempre he luchado contra esta idea! Se ve que 40 años trabajando como docente imprimen carácter.

 

En fin, amigo lector, si te ha parecido interesante cuéntaselo a tus amigos… En Mallorca se dice que “cuantos más son, más rien”.

 

Mermelada de cerezas con cardamomo, otra delicia para el paladar.

Mermelada de cerezas con cardamomo, otra delicia para el paladar.

Indudablemente, hay una espectacular movida de naturismo, veganismo y vegetaniarismo están de moda, todo tiene que ser reciclado, los productos han de ser ecológicos… pero, en general, somos gentes de ciudad y muchos de nosotros no sabemos de la misa la mitad.

 

La industrialización del campo, los invernaderos, el cultivo “contra natura”, el que haya “de todo, todos los días del año” y, por qué no decirlo, la limitada cultura de la gente incluidos los ecologistas, nos hace un flaco favor a las personas… es más, la necesidad de abastecer a millones de personas diariamente obliga a manipular los productos agrarios para que puedan soportar el transporte y la distribución a un precio razonable. Todo el mundo conoce los mangos normales, a uno o dos euros el kilo y los “de avión” a 7, incluso hasta 10 euros el kilo: diferencia, los primeros se recogen verdes y se distribuyen con sistemas de transporte baratos y lentos. Los segundos se recogen en su punto y se distribuyen en cuestión de horas con medios de transporte rapidísimos, con alto consumo de carburantes y dejando una huella de carbono terrible… ¡Pero los mangos de avión son exquisitos!

 

¿A qué viene esta perorata? Las cerezas son fruta de verano, la temporada alta anda entre junio y agosto (va por regiones) y será cuando encontremos las mejores cerezas.

 

Por otra parte, las mermeladas no se inventaron por lujo. Las gentes de ciudad no suelen tener esta percepción, pero una familia que viva en el campo y tenga árboles frutales sabe que la fruta madura “TODA” en cuestión de días. En cuestión de días puedes tener un montón de kilos de albaricoques o cerezas o higos o lo que sea, ¡y hay que comérselos! No es como en el súper, que te sirves tu “medio kilito” y ya volveremos a por más (madurado en cámara y sin sabor ni aroma).

 

Nuestros ancestros, que no eran tontos, inventaron como conservar estas frutas, ricas en azúcares, alimenticias y sabrosas y de ahí salen técnicas como las mermeladas o las frutas desecadas, los higos secos, los orejones, las pasas, etc. En su momento, alguien descubrió que muchas frutas, cocidas en azúcar, se conservaban perfectamente durante el tiempo que tardara en aparecer la siguiente cosecha.

 

Bueno, pues ahora, entrando en junio, será el momento de encontrar muy buenas cerezas y a buen precio, por su abundancia. Hagamos una mermelada, con un toque exótico, sazonando con cardamomo. Una puntualización, cuando escribo una receta siempre me refiero a producto que pienso comerme. Por ejemplo, compré 5,2 kg de cerezas y me quedaron 440g de pepitas y rabillos, realmente 4,8 kg de fruta comestible.

 

4,8 kg de cereza sin pepita

1,440 kg de azúcar (300g de azúcar por kg de fruta comestible)

2 cucharillas colmadas de semillas de cardamomo verde molidas, ligeramente tostadas para secarlas

2 cucharillas colmadas de canela molida

Zumo y la cáscara rallada de un limón

8g de Agar-Agar, porque las cereza tiene poca pectina y queda muy líquida, muy aguada.

 

El sistema es sencillo, las cerezas limpias, lavadas por si los productos fitosanitarios, sin pepitas ni rabillos, partidas por la mitad (al quitar los huesos ya se quedan en dos trozos) en una olla, con el azúcar, la canela, el cardamomo y el limón. Se dejan reposar unas horas, tapadas, que se repartan perfumes, por ejemplo toda la noche. Pensar que ya hace calor, o sea que mejor en la nevera.

 

Una vez reposadas, poner a hervir a fuego lento durante una hora ¡removiendo! Todos los cocimientos que lleven azúcar tienen una especial tendencia a quemarse, lo que deja un interesante sabor a rayos. La cereza, en particular, arranca a hervir con muchísima espuma, casi como la leche, o sea que ¡cuidado!

 

Una puntualización, las abuelas siempre os dirán “hervir tres veces en días seguidos”. Es correcto en cuanto a conservación, lo mismo que siempre os dirán “kilo por kilo” de azúcar. Lo normal era dar los tres hervidos y tapar las conservas con un trapo atado, para que no lo alcanzaran las moscas, sin esterilizar ni envasar al vacío. El azúcar es un conservante, “per se”, pero al hervir tres veces, azúcar y fructosa acaban caramelizados, perfectamente conservados y con exclusivo sabor a caramelo, Son las mermeladas de la abuela, que siempre tienen el mismo sabor ¡a caramelo! Nosotros vamos a mantener el sabor a fruta y especias… pero habrá que esterilizar. Si no lo hiciéramos cabría la posibilidad de que se echara a perder la mermelada.

 

El Agar-Agar se añadirá los últimos minutos, disuelto en medio vaso de agua fría (que si se añade en polvo a la mermelada caliente hace grumos y no se disuelve), dejar cocer un par de minutos y apagar el fuego. El Agar-Agar (o gelatina, o pectina de manzana, según vuestra experiencia) es optativo, si no se pone u os quedáis cortos la mermelada queda líquida, si acertáis se aguanta muy bien sobre la tostada y si os pasáis, en vez de mermelada queda una excelente gelatina de cereza. El sabor y dulzor siempre será el mismo, la textura no. Para 5 kg de fruta, a mí me gusta entre 6 y 8 g de Agar-Agar.

 

De esta magnífica olla de mermelada saldrán 15 o 20 botes, mermelada para bastantes meses. Los botes se rellenan inmediatamente que se apague el fuego, bien caliente, se tapan herméticamente con tapas limpias y en buenas condiciones y se hierven en una olla durante 15 minutos. Quedarán esterilizados y perfectamente conservados para más de un año en la despensa.

 

Biología reproductiva del Erodium Ciconium y cómo consigue colonizar nuevas tierras

Biología reproductiva del Erodium Ciconium y cómo consigue colonizar nuevas tierras

 

La capacidad de las plantas para sorprendernos es infinita. En contra del pensar popular, las plantas tienen la capacidad de moverse, “de pasearse”.

 

En estos días de confinamiento, muchas horas de aburrimiento, circulan por internet miles de historias, como por ejemplo que Sir Isaac Newton tuvo que confinarse para prevenir la peste negra y “aprovechó” para descubrir las leyes de la gravedad, la óptica y el cálculo.

 

Cierto que él es el padre de estas maravillas científicas, no tengo clara la coincidencia en lo de estar confinado y, por descontado que yo no le llego ni a la suela de los zapatos en cuanto a científico. Pero sí que, en vez de vaguear y dormir ante la tele, he dedicado muchas horas a contemplar un Erodium ciconium que me trajeron de @BotanicSoller, muy escaso en Mallorca, y que nos habían reproducido para poder hacer fotos para su ficha de documentación gráfica.

 

Aparte de hacer las fotos de hojas y flores que estaban pendientes, aproveché para ampliar las tomas de fruto y semilla (siempre es mejor pecar por exceso) y, lo que es el aburrimiento, empecé a observar el desarrollo del fruto.

 

El desarrollo de un E. ciconium empieza con una flor que se abre a primera hora de la mañana y cuyos pétalos caen alrededor de mediodía. La flor dura unas pocas horas en las que un polinizador que desconozco tiene que correr para realizar su función.

 

 

Caídos los pétalos, el cáliz se cierra y aparece en el centro una aguja que da nombre popular a la especie, agujas, alfileres, picos de cigüeña, relojes. Es lo que vemos en la foto, flor, cáliz ya cerrado y agujas ya crecidas.

 

Estas agujas tienen 5 frutos, cada uno con una semilla en su interior (en alguna ocasión, dos semillas) y una magnífica arista, artífice de su particular sistema de siembra.

 

 

La maravilla de esta planta es que estos frutos que vemos, tienen unos pelos rígidos y casi perpendiculares, que, si los tocamos observamos, obligan al fruto a deslizarse en dirección a la punta, no permiten retroceder. Además, al fruto le crece una arista larga, tan larga como la aguja con una particularidad biológica. Las aristas en realidad son un manojo de fibras que tienen la propiedad de alargarse o contraerse, en función de la humedad que contengan, pero es que, además, tienen índices de contracción diferentes unas fibras de otras.

 

En la planta, una vez madurado cada fruto, en primavera, cuando el sol empieza a calentar, los frutos se separan del cáliz y las aristas, mientras se secan, se van deformando y se enrollan sobre sí mismas, forman un perfecto resorte con el que los niños juegan a mojarlos con saliva para que giren como las agujas de un reloj.

 

Estos frutos, enrollados, caen al suelo y, mayormente por el viento, se pueden alejar de la planta donde nacieron, “se pueden pasear”. Esto presumiblemente sucederá durante todo el verano, con lo que el fruto dispondrá de meses para desplazarse y alejarse a colonizar otras tierras. En la foto de presentación hay un buen ejemplo de estos frutos, con aristas enrolladas.

 

A finales de verano, cuando empiezan las primeras lluvias, el fruto, esté donde esté, recibirá un buen chapuzón. Esto generará dos efectos, el primero será que las fibras de la aguja, al mojarse, recuperarán las propiedades de cuando estaba verde y la aguja se “desenrollará”, se estirará, lo que obligará al fruto a dar un cierto número de vueltas sobre sí mismo, como una broca en un taladro. El otro efecto será regar la tierra, muy deseable para plantar una semilla.

 

 

Con estas pocas vueltas, si hay suerte, el fruto ya es capaz de enterrarse. Por si esto no hubiera sucedido, cuando deja de llover y se seca, el fruto vuelve a recuperar su forma de resorte, revirándose otras tantas veces… y así, todas las veces que haga falta cada vez que llueva. Y, por si estas adaptaciones no os llegaran a sorprender lo suficiente, se observan aquí y allá unos pelos duros y largos (en esta foto son muy visibles) La utilidad de estos pelos es evitar que el fruto permanezca acostado, estos pelos levantan el resorte del suelo y obligan al fruto a apoyarse en la punta de tal manera que al primer resquicio que aparezca la punta se clava y aquellos pelitos que la rodean impiden “la vuelta atrás”… ¡Toda una adaptación de nuestra Madre Natura!

 

También os dejamos un pequeño «timelapse» que hemos hecho:

 

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Decimos en Mallorca que “uns contes fa s’ase i altres fa es traginer” que, traducido, sería “unos planes hace el burro y otros hace el arriero”.

 

Entrando de lleno en la primavera, llevamos más de un mes totalmente atareados, cerrando especies de una futura publicación, buscando especies porque se nos ha ocurrido una foto original, como por ejemplo una Lemna giba entre dos aguas, buscando una Portulaca oleracea en flor o haciendo controles a especies de importancia etnológica y alimentaria, como puedan ser Ficus carica o Ceratonia silicua, higuera o algarrobo. En #FundPepBonet solemos comentar nuestras actividades, nos gusta compartir nuestra pasión y contar nuestras aventuras, por eso os hemos ido poniendo fotos y comentarios.

 

Pues bien, el sábado pasado, 14-3-20, salimos a “forrajear” y, por ejemplo, salió esta detalladísima foto de fruto de Fumaria, unas bolitas de apenas 1,5 mm, esto nos permite cerrar la ficha de esta especie, sin perjuicio de mejorar o ampliar, pero ya sin urgencias. Otra de las adquisiciones del sábado fueron bayocos de breva, de mama y de varios prohigos, frutos verdes, sin desarrollar, pero que en su interior ya tienen, perfectamente visibles las flores femeninas de estilo largo o corto y el prohigo, flores masculinas identificables.

 

La Fundación Pep Bonet Capellá es, aun, un proyecto que está en fase administrativa de registro, abogados y gestores ya están haciendo su trabajo, pero por ahora (y seguramente durante un tiempo) dependeremos de colaboraciones. Esto significa que para la fotografía microscópica dependemos de las instalaciones del Jardí Botànic de Sóller. En nuestras instalaciones podemos fotografiar un campo de 5×5 mm y ampliarlo x5, mientras que en Sóller tenemos la posibilidad de tomar un campo de 0,4×0,4 mm y ampliarlo x31, la diferencia es notable. Para según que detalles de flores, frutos o semillas nuestra instalación se queda corta… agradecemos al Jardí Botànic de Sóller su colaboración y soñamos que algún mecenas, en algún momento, nos ayudará a mejorar nuestras instalaciones…

 

 

Toda esta introducción viene a cuento que, como todo el mundo sabe (sic), está declarada una pandemia mundial, valga la redundancia, de coronavirus y que el mismo sábado, 14, por la noche, se declaró el estado de alarma en nuestro país y se confinó a los españoles en sus casas para intentar controlar la propagación de la enfermedad, sin lugar a dudas una medida correcta y necesaria, pero que nos ha partido por la mitad nuestros planes de trabajo.

 

Ya os contamos, hace tiempo, que entre las plantas que tenemos pendientes está Ficus carica, la higuera de toda la vida, pero yendo un poco más allá, documentando flores masculinas y femeninas, documentando todos los vectores de la sexualidad de las higueras, documentando el complejo proceso de la cabra higuera y su avispa mutualista, la que se encarga de transportar el polen… un proyecto interesante y divertido, de todos los proyectos que tenemos. En este caso, higueras e higos son fáciles de fotografiar, pero casi todo lo demás tiene magnitudes de 2mm para abajo y nos venía de perlas la colaboración del microscopio de Sóller… este que está a 20 km de nuestra residencia, con controles policiales, el microscopio al que el coronavirus nos ha bloqueado el acceso.

 

Como he dicho, el sábado recogimos bayocos de distintas higueras para sacar buenas fotos de flores longistilas y brevistilas. Pero es que, además, recogimos una mama en estado avanzado, por controlar en qué fase estaban las Blastophagas. Ante el confinamiento, el lunes siguiente intentamos “salvar los muebles”, intentamos sacar fotos de las flores, ya formadas pero minúsculas, de escasos 0,8-1 mm y confiar que luego el recorte será útil y, ¡cuál no fue nuestra sorpresa! El sobre donde estaba la mama estaba lleno de Blastophagas, la fase es la de ¡a poner huevos y a reproducirnos!

 

 

¡Qué desastre! No hemos abierto la mama, intentaremos sacar una foto del agujero del ostiolo, también minúsculo, con el equipo “de casa” y la tenemos congelada para, al abrirla, poder sacar fotos de Blastophagas macho y hembra, inmóviles, quizá en buena pose, ya veremos. Incluso, si tenemos suerte, puede que haya eclosionado alguna Phylotripesis caricae, que también ronda los 1,5 mm o que haya nematodos (estos imposible sacarlos en nuestro equipo)

 

El desastre es que, solo con esta mama hubiéramos tenido para varias sesiones, hubiéramos documentado, con suerte, polinizadores y sus parásitos, vamos, que nos venía una semana de trabajo tremendamente productivo. Ahora toda nuestra ansiedad es que este encierro no dure mucho, este proceso no es de un día, dura un par de semanas, pero si la cuarentena dura más habremos perdido quizá un año, al menos la relación mama-prohigo la habremos perdido hasta el año que viene… En fin, ¡es lo que hay! Al menos intentemos controlar la pandemia.

 

Receta de mermelada de peras con almendra

Receta de mermelada de peras con almendra

 

Mermelada de peras con almendra, ¡un éxito de crítica y público!

 Comer bien, comer sabroso y equilibrado no es un privilegio, es una decisión… y un poco de trabajo… y, quizás, algo de gusto.

 

 Yo soy de los que viven solos, nadie “me cocina” y yo lo hago para “una persona”… y, encima, ¡plato único!

 

Hace mucho que aprendí que, como esto es un rollo, había que inventar algo, e inventé lo de “cocinar y conservar”, sea desayuno, comida o postre. Esta vez tocaba reponer la despensa de los desayunos, mermeladas, que solo quedaban cuatro botes de cereza con cardamomo, ¡una exquisitez!

 

                  Para esta mermelada de pera necesitamos:

                  1 kg de pera troceada, sin corazón ni rabillos (yo la dejo con piel, por pereza)

                  300 g de azúcar

                  100 g de almendra molida

                  Una pizca, al gusto, de canela molida

                  Un toque de ralladura de cáscara de limón

                  Zumo de limón

 

Las cantidades que yo uso, según mis gustos, para una olla grande, con 6,5 kg de pera, son 3 cucharillas/postre de canela y cáscara y zumo de tres limones.

 

 

El proceso tiene pocos secretos, si bien ocupa unas horas. Lavar y cortar las peras, sin corazones ni rabillos, llenar la olla con los productos y cocer durante una hora, teniendo buen cuidado de ir removiendo, que todas estas cosas con azúcar tienden a requemarse y saben luego a rayos.

 

Así de simple, ya está hecha la mermelada. La pera, sin semillas, tiene muy poca pectina, más bien es toda agua, si bien la almendra espesa bastante, pero no termina de ligarla. Como a mí me gusta extenderla, le añado un poco de agar-agar para gelatinizar el líquido suelto, en esta olla han ido 3 sobres, 6 g, de gelatinizante.

 

Y, como podéis entender, una olla de mermelada da para varios meses, o sea, se llenan botes limpios y se esterilizan en agua hirviendo durante unos 15 minutos, etiquetados y a la despensa.

 

En la elaboración, hace tiempo que encontré una herramienta fabulosa, el “chafador de patatas”. Industrialmente se hacen mermeladas, algunas bastante buenas, incluso en algunas se llega al 50% de fruta. A mí me gusta que una mermelada sea solo fruta, no es posible porque hay que poner azúcar para conservación, pero, en este caso, hay un 60% de pera. Otra cosa que me gusta es encontrar trozos de la fruta que sea.

 

Aquí entra el chafador de patatas, corto la fruta en trozos no muy pequeños y, cuando se la nota cocida la convierto en puré imperfecto, “con tropezones”

 

 

 

¡Y a la despensa!

 

 

Biología reproductiva de la higuera

Biología reproductiva de la higuera

BIOLOGÍA REPRODUCTIVA DE LA HIGUERA

 

 

Dicen que, a veces, la realidad supera a la ficción. Esta es una breve semblanza de la vida reproductiva de las higueras y del contrato de mutualismo que mantienen con un himenóptero, la avispa Blastophaga psenes para el necesario trabajo de polinización.

 

Hay veces que me expreso mal y da la sensación de que me minusvaloro, ¡nada más lejos de la realidad!

 

Yo lo que si soy es un buen profesional de la electrónica, toda una vida de estudio y pasión por el tema, infinitos conocimientos aprendidos y muchísimos años de experiencia… en electrónica.

 

También soy un fotógrafo acreditado, mis exposiciones y mis trabajos publicados me acreditan. La electrónica fue estudiada formalmente, la fotografía es autodidacta, pero en ambas disciplinas exhibo mi vanidad y presumo de mis conocimientos y de mis logros.

 

Donde debo presumir de mi humildad es en los temas botánicos. Mi formación biológica y, en especial, botánica es nula. No es raro que, habiendo realizado una foto “espectacular”, por su encuadre, definición, iluminación y composición, resulte que “cualquier” botánico eche en falta el detalle del pistilo o cualquier otro atributo botánico “imprescindible”… No es nada raro porque, hasta hace poco, yo no distinguía pistilos de estambres. No es que yo sea analfabeto, es que hay temas de los que no se nada, por ejemplo mecánica cuántica o la dinastía Ming.

 

Llevo ya mucho compartiendo mis conocimientos fotográficos con el Jardí Botànic de Sóller y, en esas cosas que “se dan por supuestas”, Pep Lluís Gradaille, director del Jardí, me hizo unas proposiciones interesantes, editar unos artículos de biología reproductiva de varias plantas con especial significado antrópico, almendro, olivo, algarrobo e higuera. Son plantas domesticadas y que han acompañado a la humanidad en su historia de supervivencia, como puntos importantes de la alimentación.

 

¡Me siento honrado… y acongojado!

 

En el espíritu que intento consolidar con la #FundaciónPepBonetCapellá, yo debería ser capaz de “hablar de tú a tú” con los científicos con los que colaboro… entonces no me queda más remedio que ponerme a estudiar, ¡menos mal que me gusta!

 

Lo primero fue buscar, leer y entender documentación sobre los temas citados. Empecé por la higuera y estaré eternamente agradecido a D. Joan Rallo García, al que no tengo el placer de conocer, pero que él vino a bien compartir sus conocimientos con el público y a mí me ha servido para intentar no cometer demasiados desaguisados con fotos “fuera de contexto”.

 

Veamos lo que he aprendido. Para empezar hay higueras femeninas y masculinas, pero empezamos con las rarezas, la higuera masculina es dioica, produce flores masculinas (pocas) y femeninas de estilo corto, mientras que la higuera femenina se comporta como monoica y solo produce flores femeninas de estilo largo.

 

Las higueras femeninas, las que dan higos “de comer”, digamos que son serias y “se comportan”. En general los higos son un recipiente, un sicono, que contiene las flores femeninas. Esas protuberancias rojas, carnosas, dulces que hay dentro del higo son flores. Y, a veces, estas flores contienen semillas, viables o no.

 

 

La única rareza de las higueras femeninas es que pueden producir dos cosechas al año, solo unas pocas higueras. En primavera-verano brevas y para verano-otoño higos.

 

Respecto a esta rareza de las higueras hembras, hay que entender que en los higos “de comer” la manipulación del hombre es total, según los arqueólogos unos 13.000 años de manipulación. Por estudios arqueológicos, parece probado que la higuera se domesticó más de mil años antes que los cereales, se podría decir que los higos son la primera producción agraria conocida.

 

Por eso hablamos de las brevas. Si dejáramos organizarse a la naturaleza, las brevas serían una excepción, toda vez que van en contra del sistema natural de reproducción de las higueras, ¡ni siquiera producen semillas! Para entenderlo habrá que entender la reproducción natural de la higuera y compararla con el cultivo que hacemos de la misma.

 

Hagamos un receso para entender la polinización. En general, las plantas al igual que los animales, tienen una reproducción sexual. Para evitar la endogamia, las células reproductoras se forman con una mitad materna y otra paterna. En el caso de los animales es relativamente fácil, toda vez que los animales se pueden buscar y unir sus gametos para formar un zigoto y, si todo va bien, una nueva vida. Para las plantas la cosa es mucho más complicada ya que están “clavadas” en el suelo, inamovibles.

 

La naturaleza ha resuelto este problema de varias formas. Las flores femeninas están fijas en su planta, con su ovario conectado “al aire” por un tubo llamado estilo y las flores masculinas se dedican a producir polen en sus estambres… que deberá “volar” hasta fecundar las flores femeninas.

 

Las formas más comunes de repartir el polen son: transportado por fluidos, agua o aire, o porteado por animales, insectos o animales superiores. En el caso de las higueras se usa el concurso de una avispa minúscula, de alrededor de 1,5 mm, en un sistema complicadísimo.

 

La higuera masculina es de una gran complicación. Para empezar, produce tres cosechas de higos. Una primera, durante el invierno, con solo cabrahígos femeninos llamados mamas, sin polen y sin posibilidad ninguna de fecundación. En primavera produce otra cosecha, llamada prohigos, que esta si tiene flores masculinas. Y luego, en otoño produce una tercera cosecha de mamonas, otra vez femeninas.

 

Para poder transportar el polen de los prohigos, la higuera tiene un aliado que es la avispa Blastophaga psenes, pero este bichito es de vida corta, de menos de un año. Entonces, en las mamas de invierno se cría una generación de B. psenes que nacerá en primavera, pero que no puede polinizar nada porque la mamas no tienen polen.

 

Cuando nace la avispa de primavera ya están crecidos los prohigos (que si darán polen)… ¡y también están crecidas las brevas cultivadas!

 

Pero hay otra curiosidad, todas las flores femeninas de las higueras de comer, brevas o higos, son de pistilo largo y las avispas son de ovopositor corto. O sea, les falta longitud de órgano sexual a las avispas para poder poner huevos en una flor “longistila” de higo de comer, además, estas avispas que vienen de mamas tampoco llevan polen. Por eso, que una avispa intente poner huevos en una breva es un desperdicio (las avispas después de desovar mueren)

 

Por eso, las brevas, en la vida reproductiva de las higueras, son un error, solo sirven para alterar la vida reproductiva de la Blastophafa psenes. Toda avispa que se equivoca y pretende reproducirse en una breva muere inútilmente. Lo que pasa que las brevas son muy apreciadas y el hombre se ha dedicado a reproducirlas a contra natura.

 

Por tanto, esta primera generación de avispas interesa que solo encuentre prohigos, normalmente en la misma rama donde está la mamona en la que han crecido, colonicen los prohigos, hagan una buena puesta y se reproduzca una segunda generación. En el caso del prohigo, casi todo el volumen del mismo son flores femeninas, de estilo corto, “brevistilas”. Las flores femeninas de las tres cosechas de la higuera masculina, cabra-higuera, todas son brevistilas, para facilitar la puesta de las avispas. Pero, en el prohigo y solo en él, rodeando el ostiolo por donde entran y salen las avispas, se forma un anillo de flores masculinas y polen.

 

Ahora sí, las Blastophagas que salen de los prohigos a principios de verano, bien provistas de polen, se pueden dedicar a fecundar higos “de comer”.

 

En esto también hay algunas sutilezas. Para empezar, de los higos de comer hay dos variedades bien diferenciadas, las de San Pedro, la mayoría de las que comemos en nuestra tierra y las de Esmirna. Para las de San Pedro no es imprescindible la polinización, los higos son “persistentes” y consiguen madurar sin polinizar. Eso sí, con semillas estériles, pero al agricultor esto no le preocupa porque reproduce las higueras por estaca, clónicas.

 

En el caso de las de Esmirna sí que es necesario polinizar ya que si no se hace los higos se desprenden sin llegar a madurar. Como nota curiosa, los higos Esmirna polinizados tienen semillas viables, se pueden reproducir, pero, además, las semillas le confieren al higo un sabor añadido de fruto seco, lo que aumenta su calidad. Y, para el secado, convierte a los higos de Esmirna en los más sabrosos.

 

Los prohigos y sus Blastophagas ya han tenido su utilidad. De todas formas, que las avispas polinicen higos de comer les provoca un serio quebranto ya que, como hemos dicho, todas las higueras hembra solo tienen flores de pistilo largo y las avispas no podrán poner huevos ni reproducirse. Menos mal que sigue quedando algún prohigo tardío, con flores “brevistilas”, que acoge las avispas justas para la supervivencia de la especie.

 

Mientras, en la cabra-higuera, en verano, empiezan a desarrollarse las mamonas, solo flores femeninas de estilo corto, sin flores masculinas, otra vez sin polen. Cuando estas mamonas estén desarrolladas podrán acoger la tercera generación de Blastophaga psenes que se ha conseguido salvar en los prohigos, multiplicarla y regenerar la población de avispas para el próximo año. Y, mientras esto sucede, la cabra-higuera está preparando la cosecha de mamas que sobrevivirá todo el invierno y dará cobijo a las avispas que infectarán los prohigos del próximo año.

 

Esto es un esbozo, el proceso completo, con detalles, da para un libro de 292 páginas escrito por D. Joan Rallo García, con todo lujo de detalles. Pero, aunque se quede en esbozo, nos da una visión más o menos real del proceso de la biología reproductiva de las higueras.