Digitalización de un archivo de diapositivas

Digitalización de un archivo de diapositivas

Escanear un “archivo de diapos” entra en los proyectos de larga duración. Los mayores recordamos cuando “no había otra cosa”, pero las diapositivas eran recién reveladas y, si se habían revelado bien, mantenían los colores intactos y, con un poco de suerte, no tenían polvo.

 

Actualmente, cuando aceptas escanear un archivo, sabes que son diapos antiguas, descoloridas, seguramente con los colores alterados y casi siempre sucias de polvo y pelusillas.

 

Cojamos por ejemplo la foto de portada, una diapositiva 6×6, tomada el 07/08/2005, hace 15 años. Se observa una fuerte dominante magenta, cosa bastante normal, además hay un montón de pelusillas y la madera que se eligió de fondo introdujo brillos en las vetas, debidos a las resinas. Y, ya que estamos criticando, el enfoque es pobre y, sobre todo, hay poca acutancia.

 

Aprovechemos para aprender sobre el concepto acutancia. La acutancia es el grado de contraste que se observa en los bordes de una imagen, o sea, cuanto mayor sea la acutancia más nitidez tendremos de la imagen. En la época de las imágenes químicas, como efecto secundario de las reacciones químicas con la plata de la película, todas las líneas “estaban mal reveladas” y los negros terminaban con un borde “más negro” y los blancos “más blanco” de lo que les correspondía, alta acutancia, es más, jugando con los agitados se la podía controlar.

 

En el mundo digital este efecto no existe, los sensores leen “correctísimamente” todos y cada uno de los píxeles, estén en un límite de detalle o estén en un color plano, por lo que las imágenes digitalizadas pueden parecer “de poca definición”. Esto implica que todos los programas de retoque fotográfico siempre tienen la función “enfocar”, que no es otra que, en todos los límites de detalles de la foto, marcar una línea con más blanco o más negro del que realmente le corresponde… y engañar a nuestros ojos. Los que usáis programas de retoque lo podéis comprobar fácilmente, ponéis cualquier imagen con mucho detalle al 100%, pelo, ramas de árboles, etc., y le dais a “enfocar”. Veréis perfectamente cómo se alteran los contornos.

 

Entendido qué significa “enfocar” en los programas de retoque, queda claro que si la foto está desenfocada enfocar no sirve para nada, “no enfoca”. Y otra cosa, esta alteración de la acutancia, esta mejora del contraste (que no enfoque) es muy agradable “siempre que no se vea”, dicho de otra manera, en las digitalizaciones siempre hay que terminar enfocando, pero “solo lo justo” al tamaño que se piensa ver la foto y siempre al final, porque es una alteración del archivo digital y si se hacen ajustes de color o contraste en una imagen “enfocada”, los bordes de detalles pueden hacer desastres.

 

Entonces volvamos a nuestra Daucus carota magenta, llena de puntitos y con poca definición. Yo suelo empezar por el retoque de puntos, pelusillas y rayas.

Podéis observar en las fotos, general y un detalle, cómo se han ido eliminando puntitos y pelusillas.

 

Si se ha entendido la importancia de la acutancia para que veamos nuestra imagen mas nítida, observad entre los radios de las semillas (se ve muy bien en el detalle) como hay polvo, puntos de resina o pelusillas. Si los quitamos, no hemos tocado para nada a las semillas o sus radios, pero las vemos “más limpias”.

 

Otra observación que viene al caso (que ha dado lugar a grandes discusiones)

 

Las fotos, ¿se tienen que retocar o no? Todas las opiniones son válidas y son buenas, la mía es que depende. En cierta ocasión participé en editar un libro de una pintora, el libro plantas y flores de Mme. Colette, no eran fotos, eran digitalizaciones de las acuarelas que esta pintora realizó durante toda su vida. ¿Se tenían que retocar? ¡NO!, evidentemente no. Hubiera lo que hubiera en la imagen, era la creación de Mme. Colette y nadie estaba autorizado a ninguna modificación.

 

Sin embargo si que quité unas manchas, algunas cagadas de mosca, unas anotaciones al margen de un cafre encuadernador o las marcas de una doblez por mal almacenaje. Incluso restituí colores de algunas obras que habían estado expuestas a demasiada luz y corregí marcas dejadas por paspartous.

 

En el archivo que estoy digitalizando ahora (independientemente de que yo soy el autor de las fotos) si que creo que se tienen que retocar. Un archivo de documentación botánica, pudiendo ser de una gran calidad visual, no lo considero como una creación artística. Por descontado que el autor es el creador de las imágenes y, por descontado, que el autor puede vetar su exhibición si no es en determinadas condiciones, el autor las puede elevar a la categoría de “obras únicas” (con algunas yo lo he hecho) pero admitamos que la finalidad de un archivo “de documentación” es para documentar, valga la redundancia. Lo mismo que me parece una monstruosidad “reencuadrar” una obra de arte o recortar un trozo de una escultura “para decorar un rinconcito”, admito que mi archivo de plantas debe ser lo más explícito posible con  la mejor definición y que, como en el ejemplo que estoy usando, habrá momentos en que será mas claro un detalle de la foto que la imagen entera.

 

     

Una vez limpia la imagen “de polvo y paja” (en las muestras solo he limpiado la mitad para que se pueda apreciar el efecto) se corrigen luz y color. Podría haber corregido el color en primer lugar, es correcto, pero yo prefiero hacer un ajuste preciso de la luz y color de la fotografía en el mismo momento. Corregir la luz con todas las porquerías me puede llevar a confusión, por tanto siempre sigo el mismo protocolo: primero limpiar la foto, después ajusto luces para que la exposición sea la mas adecuada, que haya las zonas negras que corresponda, manteniendo detalle en las sombras, y que no haya blancos quemados. En este punto puedo corregir el color con la precisión que me parezca, es cuando mejor aprecio si se ven dominantes. Si os fijáis, hecha la corrección de color, la foto queda perfecta, pero no se la ve nítida… le falta acutancia.

 

   

Para eso, para la acutancia, existe lo de “enfocar”. Le damos el toque necesario, sin que en ningún momento se vean los bordes y ya podéis comprobar la diferencia (mejor en los recortes)

 

Todo este proceso, “tontamente hablando”, puede estar ente media y una hora por diapositiva. Si el encargo, como es el caso, son en principio 3.263 diapositivas, ¡vayan haciendo cuentas!… Esto referente a archivos antiguos de botánica, en diapositiva. Cuando esté todo listo se añadirán otras casi 3.000 diapositivas de etnología y paisaje.

 

Como queda patente, mi intención personal es compartir, transmitir, difundir todas mis técnicas, al menos el “cómo lo hago yo” por si sirve de ayuda al resto del mundo. O sea, si os parece incompleto, no dudéis en preguntar. Y si os parece interesante, ¡no dudéis en compartir!

 

Solo por la difusión y extensión del conocimiento se puede progresar. ¡Del oscurantismo nunca salió nada bueno!

 

Técnicas de estudio

Técnicas de estudio

No queda bien, suena a pedantería, ¡pero es que hay días que uno se levanta chulo!

 

Cuando empecé a sacar fotos de semillas, teniendo en cuenta que mi formación botánica es nula, busqué algún libro del tema “para plagiar”. La verdad es que ideas me bullían, pero quería ver como lo enfocaban los profesionales… ¡Qué decepción!

 

Unas fotos botánicamente perfectas, con vistas en “planta, alzado y perfil”, perfectamente identificado el eleosoma, marcadas las asimetrías, con las estrías perfectamente alineadas… Básicamente, un puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca y una toma cenital, seguramente con un flash anular “que lo ilumina todo por igual”, sin sombras.

 

No me cabe la más mínima duda que las fotos que vi (y que tanto me decepcionaron) pueden sustentar una sesuda tesis doctoral sobre la reproducción de las plantas o sobre el mutualismo de las hormigas y la utilidad del famoso eleosoma.

 

En este momento entendí que no tenía el más mínimo interés en la botánica, que lo que me interesaba era la fotografía… pero es que las imágenes de naturaleza en general, para mí al menos, pueden resultar más sugerentes que el mundo de la moda, por ejemplo. Decidí que me quedaba con el tema, la botánica y el mundo científico de la biología, pero que las fotos las iba a hacer “a mi aire”.

 

Con los años, algo he llegado a aprender de biología vegetal, ahora ya llamo a muchas plantas por su nombre, en mis fotos sale el eleosoma, incluso he llegado a hacer fotos “a medida” para que un Señor Doctor en biología publicara un artículo… ¡pero me sigo negando al puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca!

 

La foto que encabeza este artículo es de Lemna giba, la conocida lenteja de agua. Se trata de una planta extremadamente simple, un par de hojas y una raíz. Las hojas tienen alveolos que la hacen flotar i la raíz cuelga en el agua mientras absorbe nutrientes. Su tamaño es minúsculo, unos milímetros, pero se reproduce muchísimo, hasta el extremo de colonizar estanques enteros, por ejemplo el de la foto, debajo de esta alfombra verde hay agua limpia, para regar coles.

 

 

Seguramente un buen botánico hubiera fotografiado la L. giba sobre la consabida cartulina blanca o hubiera sacado fotos de los alveolos en el microscopio, incluso hay una buena foto científica de la raíz junto con una regla milimetrada (para documentarla)

 

A mí, lo único que se me ha ocurrido es que “se trata de una planta de agua”, que quedarían mejor fotos submarinas (no descarto pedir permiso al dueño del estanque de la foto, ¡es broma!)

 

Y, después de este rollo, viene la “técnica de estudio”. Chapotear en el estanque puede ser muy divertido, pero poco práctico. Pensad que, por el tamaño de la planta, necesitamos un buen nivel de macro, será necesario recurrir al fuelle y, si pretendemos alto nivel de calidad, se agradecerá una foto por capas, con movimientos micrométricos (para evitar en lo posible la difracción y poder usar una gran profundidad de campo). Añadamos que, ya que estamos,  usaremos una cámara de 51Mp, de varios miles de euros… Si os fijáis, conforme voy escribiendo le voy cogiendo miedo al agua. Meter todo el equipo necesario en el estanque saldría por un ojo de la cara en cajas estancas. Vamos, que es mucho más práctico poner la L. giba en un vaso y hacer la foto a través del cristal.

 

Aquí es donde empieza el proceso “MacGyver”. Dadas las dimensiones de la planta, puede ser perfecta una ampliación de X4 o X5, exactamente lo que da mi cámara de fuelle de 80cm. Pero, para que sea manejable, esta cámara está montada fija en una columna de ampliadora, con avances micrométricos para su enfoque y para poder seccionar la imagen por capas.

 

                       

 

Espectacular en cuanto a calidad y precisión, pero solo puede tomar fotos en vertical, para tomarlas en horizontal se pierden los mandos micrométricos… y el agua no se aguanta bien “de canto”.

 

 

Las soluciones siempre se pueden simplificar. Recurriendo a un espejo, los rayos de luz “pueden doblar esquinas”. Es fácil, colocando un espejo a 45º el eje de enfoque de la cámara se convierte en horizontal, además, tengo la suerte de usar un objetivo de 135mm de distancia focal. Da menos aumentos (con el inmenso fuelle, solamente X5) pero me permite espacio para hacer estas virguerías.

 

Para mí, cada foto termina siendo una aventura, en cuanto se te enciende la bombilla aparecen los problemas, ¿Cómo aguanto el espejo a 45º? ¿Cómo me las apaño para que la planta esté a esos 135mm del objetivo? ¿Cómo consigo que el fondo de la foto sea oscuro y contraste con la planta y el espejo del agua? (supongo que os vais dando cuenta que la cartulina blanca y el flash anular no me sirven en absoluto)

 

 

Siguiendo las más elementales tradiciones de los estudios de cine, ¡recurramos al cartón!

 

Con un cutter, cartulina y cola de carpintero se van resolviendo todos estos problemas, se construyen bases y soportes, se aguantan de pie trozos de cartulina negra o se usan unos cuadradillos de 1cm que tuve que implementar en otra ocasión, para otro problema (en aquel caso tenía que colocar, “volando” un reflector para matar una sombra, y los cuadradillos actuaron de “viga de soporte”)

 

Mi forma de trabajar, aunque sean soluciones de cartón pegadas con cola, intento siempre que sean precisas. Esto ayuda a obtener fotos “limpias”, pero es que estos artilugios no se tirarán, conservados en una caja, algún día me resolverán otra “pega”.

 

En este caso, el espejo que he usado es un espejo óptico, la capa reflectante está en la superficie frontal del cristal y no en su parte trasera. Un simple espejo de baño también hubiera servido, pero hubiera exigido más controles en la iluminación. Al tener la superficie reflectora y la superficie frontal del cristal, a veces, según como incida la iluminación (y fotografiando cristales reflejados en un espejo, más) se generan halos, bastante molestos.

 

A veces me han comentado que “estos secretos” no se deben contar. Todo va en gustos, yo disfruto haciendo mis fotos, pero es que cuando veo algunas publicaciones me dan vergüenza ajena. Por descontado que yo tengo “mis” gustos, yo veo “mis” encuadres, en “mis” fotos yo gestiono “mis” luces y sombras, esto forma parte de mí.

 

Pero la técnica debería ser universal o, por la misma regla de tres del secretismo, se deberían cerrar las escuelas y mantener a los demás en la más absoluta ignorancia… ¡Siempre he luchado contra esta idea! Se ve que 40 años trabajando como docente imprimen carácter.

 

En fin, amigo lector, si te ha parecido interesante cuéntaselo a tus amigos… En Mallorca se dice que “cuantos más son, más rien”.

 

Mermelada de cerezas con cardamomo, otra delicia para el paladar.

Mermelada de cerezas con cardamomo, otra delicia para el paladar.

Indudablemente, hay una espectacular movida de naturismo, veganismo y vegetaniarismo están de moda, todo tiene que ser reciclado, los productos han de ser ecológicos… pero, en general, somos gentes de ciudad y muchos de nosotros no sabemos de la misa la mitad.

 

La industrialización del campo, los invernaderos, el cultivo “contra natura”, el que haya “de todo, todos los días del año” y, por qué no decirlo, la limitada cultura de la gente incluidos los ecologistas, nos hace un flaco favor a las personas… es más, la necesidad de abastecer a millones de personas diariamente obliga a manipular los productos agrarios para que puedan soportar el transporte y la distribución a un precio razonable. Todo el mundo conoce los mangos normales, a uno o dos euros el kilo y los “de avión” a 7, incluso hasta 10 euros el kilo: diferencia, los primeros se recogen verdes y se distribuyen con sistemas de transporte baratos y lentos. Los segundos se recogen en su punto y se distribuyen en cuestión de horas con medios de transporte rapidísimos, con alto consumo de carburantes y dejando una huella de carbono terrible… ¡Pero los mangos de avión son exquisitos!

 

¿A qué viene esta perorata? Las cerezas son fruta de verano, la temporada alta anda entre junio y agosto (va por regiones) y será cuando encontremos las mejores cerezas.

 

Por otra parte, las mermeladas no se inventaron por lujo. Las gentes de ciudad no suelen tener esta percepción, pero una familia que viva en el campo y tenga árboles frutales sabe que la fruta madura “TODA” en cuestión de días. En cuestión de días puedes tener un montón de kilos de albaricoques o cerezas o higos o lo que sea, ¡y hay que comérselos! No es como en el súper, que te sirves tu “medio kilito” y ya volveremos a por más (madurado en cámara y sin sabor ni aroma).

 

Nuestros ancestros, que no eran tontos, inventaron como conservar estas frutas, ricas en azúcares, alimenticias y sabrosas y de ahí salen técnicas como las mermeladas o las frutas desecadas, los higos secos, los orejones, las pasas, etc. En su momento, alguien descubrió que muchas frutas, cocidas en azúcar, se conservaban perfectamente durante el tiempo que tardara en aparecer la siguiente cosecha.

 

Bueno, pues ahora, entrando en junio, será el momento de encontrar muy buenas cerezas y a buen precio, por su abundancia. Hagamos una mermelada, con un toque exótico, sazonando con cardamomo. Una puntualización, cuando escribo una receta siempre me refiero a producto que pienso comerme. Por ejemplo, compré 5,2 kg de cerezas y me quedaron 440g de pepitas y rabillos, realmente 4,8 kg de fruta comestible.

 

4,8 kg de cereza sin pepita

1,440 kg de azúcar (300g de azúcar por kg de fruta comestible)

2 cucharillas colmadas de semillas de cardamomo verde molidas, ligeramente tostadas para secarlas

2 cucharillas colmadas de canela molida

Zumo y la cáscara rallada de un limón

8g de Agar-Agar, porque las cereza tiene poca pectina y queda muy líquida, muy aguada.

 

El sistema es sencillo, las cerezas limpias, lavadas por si los productos fitosanitarios, sin pepitas ni rabillos, partidas por la mitad (al quitar los huesos ya se quedan en dos trozos) en una olla, con el azúcar, la canela, el cardamomo y el limón. Se dejan reposar unas horas, tapadas, que se repartan perfumes, por ejemplo toda la noche. Pensar que ya hace calor, o sea que mejor en la nevera.

 

Una vez reposadas, poner a hervir a fuego lento durante una hora ¡removiendo! Todos los cocimientos que lleven azúcar tienen una especial tendencia a quemarse, lo que deja un interesante sabor a rayos. La cereza, en particular, arranca a hervir con muchísima espuma, casi como la leche, o sea que ¡cuidado!

 

Una puntualización, las abuelas siempre os dirán “hervir tres veces en días seguidos”. Es correcto en cuanto a conservación, lo mismo que siempre os dirán “kilo por kilo” de azúcar. Lo normal era dar los tres hervidos y tapar las conservas con un trapo atado, para que no lo alcanzaran las moscas, sin esterilizar ni envasar al vacío. El azúcar es un conservante, “per se”, pero al hervir tres veces, azúcar y fructosa acaban caramelizados, perfectamente conservados y con exclusivo sabor a caramelo, Son las mermeladas de la abuela, que siempre tienen el mismo sabor ¡a caramelo! Nosotros vamos a mantener el sabor a fruta y especias… pero habrá que esterilizar. Si no lo hiciéramos cabría la posibilidad de que se echara a perder la mermelada.

 

El Agar-Agar se añadirá los últimos minutos, disuelto en medio vaso de agua fría (que si se añade en polvo a la mermelada caliente hace grumos y no se disuelve), dejar cocer un par de minutos y apagar el fuego. El Agar-Agar (o gelatina, o pectina de manzana, según vuestra experiencia) es optativo, si no se pone u os quedáis cortos la mermelada queda líquida, si acertáis se aguanta muy bien sobre la tostada y si os pasáis, en vez de mermelada queda una excelente gelatina de cereza. El sabor y dulzor siempre será el mismo, la textura no. Para 5 kg de fruta, a mí me gusta entre 6 y 8 g de Agar-Agar.

 

De esta magnífica olla de mermelada saldrán 15 o 20 botes, mermelada para bastantes meses. Los botes se rellenan inmediatamente que se apague el fuego, bien caliente, se tapan herméticamente con tapas limpias y en buenas condiciones y se hierven en una olla durante 15 minutos. Quedarán esterilizados y perfectamente conservados para más de un año en la despensa.

 

Biología reproductiva del Erodium Ciconium y cómo consigue colonizar nuevas tierras

Biología reproductiva del Erodium Ciconium y cómo consigue colonizar nuevas tierras

 

La capacidad de las plantas para sorprendernos es infinita. En contra del pensar popular, las plantas tienen la capacidad de moverse, “de pasearse”.

 

En estos días de confinamiento, muchas horas de aburrimiento, circulan por internet miles de historias, como por ejemplo que Sir Isaac Newton tuvo que confinarse para prevenir la peste negra y “aprovechó” para descubrir las leyes de la gravedad, la óptica y el cálculo.

 

Cierto que él es el padre de estas maravillas científicas, no tengo clara la coincidencia en lo de estar confinado y, por descontado que yo no le llego ni a la suela de los zapatos en cuanto a científico. Pero sí que, en vez de vaguear y dormir ante la tele, he dedicado muchas horas a contemplar un Erodium ciconium que me trajeron de @BotanicSoller, muy escaso en Mallorca, y que nos habían reproducido para poder hacer fotos para su ficha de documentación gráfica.

 

Aparte de hacer las fotos de hojas y flores que estaban pendientes, aproveché para ampliar las tomas de fruto y semilla (siempre es mejor pecar por exceso) y, lo que es el aburrimiento, empecé a observar el desarrollo del fruto.

 

El desarrollo de un E. ciconium empieza con una flor que se abre a primera hora de la mañana y cuyos pétalos caen alrededor de mediodía. La flor dura unas pocas horas en las que un polinizador que desconozco tiene que correr para realizar su función.

 

 

Caídos los pétalos, el cáliz se cierra y aparece en el centro una aguja que da nombre popular a la especie, agujas, alfileres, picos de cigüeña, relojes. Es lo que vemos en la foto, flor, cáliz ya cerrado y agujas ya crecidas.

 

Estas agujas tienen 5 frutos, cada uno con una semilla en su interior (en alguna ocasión, dos semillas) y una magnífica arista, artífice de su particular sistema de siembra.

 

 

La maravilla de esta planta es que estos frutos que vemos, tienen unos pelos rígidos y casi perpendiculares, que, si los tocamos observamos, obligan al fruto a deslizarse en dirección a la punta, no permiten retroceder. Además, al fruto le crece una arista larga, tan larga como la aguja con una particularidad biológica. Las aristas en realidad son un manojo de fibras que tienen la propiedad de alargarse o contraerse, en función de la humedad que contengan, pero es que, además, tienen índices de contracción diferentes unas fibras de otras.

 

En la planta, una vez madurado cada fruto, en primavera, cuando el sol empieza a calentar, los frutos se separan del cáliz y las aristas, mientras se secan, se van deformando y se enrollan sobre sí mismas, forman un perfecto resorte con el que los niños juegan a mojarlos con saliva para que giren como las agujas de un reloj.

 

Estos frutos, enrollados, caen al suelo y, mayormente por el viento, se pueden alejar de la planta donde nacieron, “se pueden pasear”. Esto presumiblemente sucederá durante todo el verano, con lo que el fruto dispondrá de meses para desplazarse y alejarse a colonizar otras tierras. En la foto de presentación hay un buen ejemplo de estos frutos, con aristas enrolladas.

 

A finales de verano, cuando empiezan las primeras lluvias, el fruto, esté donde esté, recibirá un buen chapuzón. Esto generará dos efectos, el primero será que las fibras de la aguja, al mojarse, recuperarán las propiedades de cuando estaba verde y la aguja se “desenrollará”, se estirará, lo que obligará al fruto a dar un cierto número de vueltas sobre sí mismo, como una broca en un taladro. El otro efecto será regar la tierra, muy deseable para plantar una semilla.

 

 

Con estas pocas vueltas, si hay suerte, el fruto ya es capaz de enterrarse. Por si esto no hubiera sucedido, cuando deja de llover y se seca, el fruto vuelve a recuperar su forma de resorte, revirándose otras tantas veces… y así, todas las veces que haga falta cada vez que llueva. Y, por si estas adaptaciones no os llegaran a sorprender lo suficiente, se observan aquí y allá unos pelos duros y largos (en esta foto son muy visibles) La utilidad de estos pelos es evitar que el fruto permanezca acostado, estos pelos levantan el resorte del suelo y obligan al fruto a apoyarse en la punta de tal manera que al primer resquicio que aparezca la punta se clava y aquellos pelitos que la rodean impiden “la vuelta atrás”… ¡Toda una adaptación de nuestra Madre Natura!

 

También os dejamos un pequeño «timelapse» que hemos hecho:

 

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Nuestra Fundación en tiempos del Corona Virus (COVID19)

Decimos en Mallorca que “uns contes fa s’ase i altres fa es traginer” que, traducido, sería “unos planes hace el burro y otros hace el arriero”.

 

Entrando de lleno en la primavera, llevamos más de un mes totalmente atareados, cerrando especies de una futura publicación, buscando especies porque se nos ha ocurrido una foto original, como por ejemplo una Lemna giba entre dos aguas, buscando una Portulaca oleracea en flor o haciendo controles a especies de importancia etnológica y alimentaria, como puedan ser Ficus carica o Ceratonia silicua, higuera o algarrobo. En #FundPepBonet solemos comentar nuestras actividades, nos gusta compartir nuestra pasión y contar nuestras aventuras, por eso os hemos ido poniendo fotos y comentarios.

 

Pues bien, el sábado pasado, 14-3-20, salimos a “forrajear” y, por ejemplo, salió esta detalladísima foto de fruto de Fumaria, unas bolitas de apenas 1,5 mm, esto nos permite cerrar la ficha de esta especie, sin perjuicio de mejorar o ampliar, pero ya sin urgencias. Otra de las adquisiciones del sábado fueron bayocos de breva, de mama y de varios prohigos, frutos verdes, sin desarrollar, pero que en su interior ya tienen, perfectamente visibles las flores femeninas de estilo largo o corto y el prohigo, flores masculinas identificables.

 

La Fundación Pep Bonet Capellá es, aun, un proyecto que está en fase administrativa de registro, abogados y gestores ya están haciendo su trabajo, pero por ahora (y seguramente durante un tiempo) dependeremos de colaboraciones. Esto significa que para la fotografía microscópica dependemos de las instalaciones del Jardí Botànic de Sóller. En nuestras instalaciones podemos fotografiar un campo de 5×5 mm y ampliarlo x5, mientras que en Sóller tenemos la posibilidad de tomar un campo de 0,4×0,4 mm y ampliarlo x31, la diferencia es notable. Para según que detalles de flores, frutos o semillas nuestra instalación se queda corta… agradecemos al Jardí Botànic de Sóller su colaboración y soñamos que algún mecenas, en algún momento, nos ayudará a mejorar nuestras instalaciones…

 

 

Toda esta introducción viene a cuento que, como todo el mundo sabe (sic), está declarada una pandemia mundial, valga la redundancia, de coronavirus y que el mismo sábado, 14, por la noche, se declaró el estado de alarma en nuestro país y se confinó a los españoles en sus casas para intentar controlar la propagación de la enfermedad, sin lugar a dudas una medida correcta y necesaria, pero que nos ha partido por la mitad nuestros planes de trabajo.

 

Ya os contamos, hace tiempo, que entre las plantas que tenemos pendientes está Ficus carica, la higuera de toda la vida, pero yendo un poco más allá, documentando flores masculinas y femeninas, documentando todos los vectores de la sexualidad de las higueras, documentando el complejo proceso de la cabra higuera y su avispa mutualista, la que se encarga de transportar el polen… un proyecto interesante y divertido, de todos los proyectos que tenemos. En este caso, higueras e higos son fáciles de fotografiar, pero casi todo lo demás tiene magnitudes de 2mm para abajo y nos venía de perlas la colaboración del microscopio de Sóller… este que está a 20 km de nuestra residencia, con controles policiales, el microscopio al que el coronavirus nos ha bloqueado el acceso.

 

Como he dicho, el sábado recogimos bayocos de distintas higueras para sacar buenas fotos de flores longistilas y brevistilas. Pero es que, además, recogimos una mama en estado avanzado, por controlar en qué fase estaban las Blastophagas. Ante el confinamiento, el lunes siguiente intentamos “salvar los muebles”, intentamos sacar fotos de las flores, ya formadas pero minúsculas, de escasos 0,8-1 mm y confiar que luego el recorte será útil y, ¡cuál no fue nuestra sorpresa! El sobre donde estaba la mama estaba lleno de Blastophagas, la fase es la de ¡a poner huevos y a reproducirnos!

 

 

¡Qué desastre! No hemos abierto la mama, intentaremos sacar una foto del agujero del ostiolo, también minúsculo, con el equipo “de casa” y la tenemos congelada para, al abrirla, poder sacar fotos de Blastophagas macho y hembra, inmóviles, quizá en buena pose, ya veremos. Incluso, si tenemos suerte, puede que haya eclosionado alguna Phylotripesis caricae, que también ronda los 1,5 mm o que haya nematodos (estos imposible sacarlos en nuestro equipo)

 

El desastre es que, solo con esta mama hubiéramos tenido para varias sesiones, hubiéramos documentado, con suerte, polinizadores y sus parásitos, vamos, que nos venía una semana de trabajo tremendamente productivo. Ahora toda nuestra ansiedad es que este encierro no dure mucho, este proceso no es de un día, dura un par de semanas, pero si la cuarentena dura más habremos perdido quizá un año, al menos la relación mama-prohigo la habremos perdido hasta el año que viene… En fin, ¡es lo que hay! Al menos intentemos controlar la pandemia.

 

Receta de mermelada de peras con almendra

Receta de mermelada de peras con almendra

 

Mermelada de peras con almendra, ¡un éxito de crítica y público!

 Comer bien, comer sabroso y equilibrado no es un privilegio, es una decisión… y un poco de trabajo… y, quizás, algo de gusto.

 

 Yo soy de los que viven solos, nadie “me cocina” y yo lo hago para “una persona”… y, encima, ¡plato único!

 

Hace mucho que aprendí que, como esto es un rollo, había que inventar algo, e inventé lo de “cocinar y conservar”, sea desayuno, comida o postre. Esta vez tocaba reponer la despensa de los desayunos, mermeladas, que solo quedaban cuatro botes de cereza con cardamomo, ¡una exquisitez!

 

                  Para esta mermelada de pera necesitamos:

                  1 kg de pera troceada, sin corazón ni rabillos (yo la dejo con piel, por pereza)

                  300 g de azúcar

                  100 g de almendra molida

                  Una pizca, al gusto, de canela molida

                  Un toque de ralladura de cáscara de limón

                  Zumo de limón

 

Las cantidades que yo uso, según mis gustos, para una olla grande, con 6,5 kg de pera, son 3 cucharillas/postre de canela y cáscara y zumo de tres limones.

 

 

El proceso tiene pocos secretos, si bien ocupa unas horas. Lavar y cortar las peras, sin corazones ni rabillos, llenar la olla con los productos y cocer durante una hora, teniendo buen cuidado de ir removiendo, que todas estas cosas con azúcar tienden a requemarse y saben luego a rayos.

 

Así de simple, ya está hecha la mermelada. La pera, sin semillas, tiene muy poca pectina, más bien es toda agua, si bien la almendra espesa bastante, pero no termina de ligarla. Como a mí me gusta extenderla, le añado un poco de agar-agar para gelatinizar el líquido suelto, en esta olla han ido 3 sobres, 6 g, de gelatinizante.

 

Y, como podéis entender, una olla de mermelada da para varios meses, o sea, se llenan botes limpios y se esterilizan en agua hirviendo durante unos 15 minutos, etiquetados y a la despensa.

 

En la elaboración, hace tiempo que encontré una herramienta fabulosa, el “chafador de patatas”. Industrialmente se hacen mermeladas, algunas bastante buenas, incluso en algunas se llega al 50% de fruta. A mí me gusta que una mermelada sea solo fruta, no es posible porque hay que poner azúcar para conservación, pero, en este caso, hay un 60% de pera. Otra cosa que me gusta es encontrar trozos de la fruta que sea.

 

Aquí entra el chafador de patatas, corto la fruta en trozos no muy pequeños y, cuando se la nota cocida la convierto en puré imperfecto, “con tropezones”

 

 

 

¡Y a la despensa!